COMPRENDER LA VERDADERA NATURALEZA DE SU MENTE Y DE SU CUERPO de DEEPAK CHOPRA

 






Estamos demasiado preocupados por el problema del sobrepeso. En mi opinión, en algunos casos se justifica y en otros, no. Pero aunque una persona esté justificadamente preocupada por el peso, a menudo adopta medidas ineficaces y hasta peligrosas para su salud. A menudo hemos tenido noticias de esta confusión en relación con las dietas de choque, los ejercicios extenuantes y las perturbaciones relacionadas con la comida como la anorexia y la bulimia. El tema del control de peso se convirtió en un enredo de evidencias contradictorias y en un cambio permanente de indicaciones que nos dejaron confundidos y, quizás, algo pesimistas con respecto a las posibilidades de cambios positivos.

Uno de los objetivos principales del libro es simplificar lo relativo al control de peso para que usted  pueda adoptar decisiones inteligentes acerca de cómo lograr el peso deseado o cómo sentirse mejor con el que tiene. Para empezar, veamos algunas de las duras verdades que surgieron de la preocupación por los kilos de más.

Primero, la dieta considerada en el sentido tradicional de restringir la ingesta de alimentos casi siempre da resultado a corto plazo y casi nunca a largo plazo. Puede elegir cualquiera de los numerosos planes dietéticos accesibles en el mercado, atenerse a él unos meses y adelgazar. Pero esos kilos y tal vez algunos más volverán después de un tiempo. Esta experiencia la han vivido casi todos aquellos que han hecho dieta con seriedad.

Segundo, así como hay riesgos reales para la salud en el sobrepeso, también los hay en la pérdida de peso y el más peligroso es el efecto yo-yo que provocan las dietas. Existen evidencias comprobadas de que los ascensos y descensos importantes de peso tienen riesgos importantes para la salud. En un estudio, hombres que habían bajado más de cinco kilos en una década tenían una tasa de mortalidad mucho mayor que los que mantenían un peso estable. Y aunque no se individualizó ningún alimento en la investigación de los hábitos alimentarios de personas muy longevas al que pueda atribuirse esa longevidad, existe la evidencia de que esas personas sin duda mantienen un peso constante a lo largo de sus vidas adultas.

Por último, habría que reflexionar con suma seriedad sobre los efectos emocionales del control de peso. Creo que nos puede ayudar un notable estudio realizado en Finlandia, donde los ataques cardíacos se dan en un promedio que está entre los más altos del mundo. Mil doscientos ejecutivos de negocios con alto riesgo de enfermedades cardíacas por obesidad, hipertensión, colesterol elevado o tabaquismo fueron invitados a seguir un régimen estricto de dieta baja en grasas.

Entretanto, se permitió que otro grupo de individuos de alto riesgo hiciera lo que quisiese. Por  asombroso que parezca, los promedios de mortalidad fueron mucho más elevados en el grupo sobre el que se ejerció un control estricto. La única explicación consiste en que la tensión y la angustia  provocadas por tener que seguir un estilo de vida poco familiar, "saludable", destruían por completo cualquier beneficio que pudiese tener ese estilo de vida de por sí.

Como ve, el peso y la salud son temas más complejos que consumir menos calorías o pasar de la 
manteca a la margarina. A menos que haya obesidad clínica, definida como un 25% de peso por encima del considerado normal para esa altura, lo que conviene tener en cuenta es un tema más subjetivo que ha sido ampliamente reconocido. Quizá, lo más importante debería ser la capacidad de sentir control sobre el propio cuerpo. Si siente que el peso es algo accidental, tal como una pierna rota, está justificado en cambiar. Si, por otra parte, se siente cómodo con sus proporciones actuales (y no es obeso), no debe permitir que la opinión de nadie desplace a la suya propia. En síntesis, tal vez ya haya conseguido usted el peso ideal. Pero si no es así, esta obra le enseñará cómo identificar esa meta ideal, cómo lograrlo sin tensión emocional ni dolor físico, y cómo mantenerlo en el futuro.

Examinemos por un momento los hechos históricos que conducen a la obsesión actual por tener un  cuerpo perfecto.

En 1876, cien años después de la firma de la Declaración de la Independencia, se consideraba normal que el jefe de una familia norteamericana de clase media tomara un "buen" desayuno. Esto incluía carne vacuna, tocino y huevos, papas/patatas fritas, tortitas, salchichas, gachas, rosquillas y fruta... todo de una "sentada".

Parece excesivo, ¿no? Aunque fuese el consumo de todo el día, estaría en contradicción con la mayoría de las recomendaciones actuales acerca de la dieta. ¡Como única comida es un signo de glotonería!

Pero consideremos esto: después de ingerir semejante desayuno, lo más probable era que el sujeto tuviese que afrontar una jornada de trabajo de entre doce y catorce horas en una granja o en alguna fábrica de la industria pesada como una acería o los ferrocarriles. Más aún, los patrones para juzgar una apariencia atractiva y saludable eran muy diferentes. En una época en que estaba muy difundido el rostro demacrado de los tuberculosos, en especial entre los pobres, la grasa era señal de prosperidad económica y bienestar físico. Hace cien años, se admiraba a muchas personas con demasiado sobrepeso, por lo menos según los criterios actuales. Un ejemplo sería William Howard Taft, que en los primeros años del siglo XX fue presidente de Estados Unidos y también presidente de la Corte Suprema de Justicia; pesaba más de 136 kilogramos, y a menudo tenían que ayudarlo a salir de la bañera.

Pero ya en el siglo XIX se oían voces que condenaban la forma extravagante de comer y los efectos sobre el cuerpo. Las compañías cerealeras fueron pioneras como proveedoras de comida sana. El trigo triturado fue inventado en 1892 por un vegetariano de Denver, Henry Perky.

Todavía vemos actitudes competitivas hacia la comida y el peso, y tal vez más fuertes que nunca. Pero se han producido cambios importantes que hacen la lucha más intensa aún. Por un lado, los refrigeradores se hicieron accesibles al público en la época cercana a la primera guerra mundial, y con ellos ciertos elementos perecederos como la manteca, la nata y hasta los helados... por no hablar de innovaciones más recientes como las bebidas sin alcohol, el jarabe de chocolate y los alimentos congelados con alta proporción de grasas. Entretanto, la vida cotidiana se hizo más fácil, por lo menos en lo que se refiere al trabajo físico. El enorme esfuerzo que significaba preparar un desayuno de costillas y huevos fue reemplazado por teclear la computadora y levantar el teléfono.

A comienzos del siglo XX, se invertía buena parte del trabajo que requería enorme cantidad de energías en producir mercaderías y servicios para la sociedad. Hoy en día, cuando la producción no requiere casi nada de trabajo físico y tenemos acceso inmediato a una amplia gama de alimentos muy tentadores pero que engordan mucho, existe un número mayor de personas que cumplen los patrones médicos de obesidad. Pero como esa comida acarrea una culpa tremenda, también se han extendido los esfuerzos para cambiar (aunque a menudo son inútiles). Las investigaciones demuestran que en cualquier año, la mitad de la población de Norteamérica inicia una dieta para reducir de peso; hay aproximadamente 50 millones de personas haciendo dieta en cualquier momento; un 75 por ciento de las mujeres norteamericanas creen que tienen que adelgazar: los ciudadanos americanos gastan más de 30 billones de dólares en sus esfuerzos por bajar de peso o, por lo menos, para prevenir el aumento. Aun así, la mujer promedio actual pesa entre dos y tres kilos más que hace veinte años, y el peso en general de los norteamericanos está ascendiendo.

¿A qué se debe ese comportamiento contradictorio? ¿Por qué la gente engorda, a veces hasta amenazar su salud, y a pesar de los intentos para cambiar? ¿Por qué fallan el 98 por ciento de los programas para bajar de peso? Para responder a estas preguntas es necesario comprender ciertos conceptos notables acerca del cuerpo y de cómo funciona.

Quiero presentarle el concepto de cuerpo/mente mecánico cuántico. Una vez que haya entendido el verdadero carácter del cuerpo y de la mente, que los vea cómo son en realidad, bastará con este 
conocimiento para causar un efecto asombroso sobre su comportamiento en lo referido al peso. En verdad, puede tener un efecto importante sobre el modo que usted tiene de concebir la vida como un todo.

El concepto del cuerpo humano que tiene la mayoría de nosotros en realidad se basa en una superstición: la superstición del materialismo.

Al decir materialismo, me refiero a la idea de que la apariencia de algo determina cómo es en verdad. Por supuesto, hasta cierto punto hace falta ser materialista en la vida cotidiana. Pero en sentido básico, no expresa lo que sabemos de la verdadera naturaleza de la realidad. Algunos aspectos de esto son muy evidentes: la Tierra parece plana pero sabemos que es redonda; nos parece que la tierra sobre la que estamos parados está inmóvil y sin embargo sabemos que gira a velocidades vertiginosas mientras recorre el espacio a miles de kilómetros por hora. Como verá enseguida, otros ejemplos de los límites del materialismo son más sutiles, pero en esencia es lo mismo. No podemos confiar del todo en nuestros sentidos.

Aunque éstos nos indiquen que el cuerpo es una estructura anatómica sólida, congelada, fija en el 
espacio y el tiempo, no es así. La verdad es que nuestro cuerpo es un río de inteligencia, información y energía que se renueva constantemente a cada segundo de la existencia. Del mismo modo que no se puede bañar en el mismo río dos veces, tampoco puede habitar la misma carne ni por una fracción de segundo, porque a cada instante crea, literalmente, un cuerpo nuevo.

Se cambia el cuerpo con menos esfuerzo, de manera más espontánea y más expedita que cuando se cambia de ropa. De hecho, en este mismo instante, en este mismo segundo, el cuerpo con el que lee este libro no es el mismo que cuando empezó, hace unos minutos.

En el Ayurveda (palabra sánscrita que significa "la ciencia de la vida"), el sistema de la medicina india tradicional en que se basa esta obra, el cuerpo humano se define como una fluctuación de energía e información en un campo más grande de energía e información. El cuerpo no es tanto una "cosa" como un proceso. Así, no nos concentraremos en las moléculas que conforman el cuerpo sino en el funcionamiento, los cambios, el fluir, de esos procesos que lo constituyen. Desde luego, para nuestros propósitos actuales, las funciones más importantes son la comida, la respiración, la digestión, el metabolismo, la eliminación, y una actividad muy importante que se conoce como el movimiento de la conciencia, que en realidad es la base de todas las demás.

Tomemos un ejemplo: el acto de respirar. Con cada respiración, se inhalan 1022 átomos del universo. Este volumen astronómico de materia prima penetra en su cuerpo desde el medio ambiente y se transforma rápidamente en las células del corazón, los huesos, riñones e hígado. Por consiguiente, con cada exhalación, se liberan la misma cantidad de átomos de cada parte del cuerpo. En sentido literal, se exhalan trocitos y piezas del corazón y los riñones.

Desde un punto de vista técnico, compartimos nuestros órganos con otras personas todo el tiempo, y no sólo con nuestros contemporáneos sino con todos los que han vivido. Según cómputos matemáticos de isótopos radiactivos, puede demostrarse sin sombra de duda que en este mismo instante, en su cuerpo físico, tiene millones de átomos que una vez estuvieron en el cuerpo de Jesús, de Buda, de Gengis Khan o de Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. En las últimas tres semanas, un cuatrillón de átomos —un 10 seguido de quince ceros— ha pasado a través de su cuerpo y también lo ha hecho por los de todos los seres vivientes de este planeta.

En menos de un año, el 98 por ciento de los átomos del cuerpo cambian por completo. Esto incluye los de ADN, que conservan la memoria de millones de años de evolución. La materia prima del ADN —carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno— viene y va cada seis semanas, como las aves migratorias.

En síntesis, de manera literal cambiar el cuerpo requiere tan poco esfuerzo como cambiarse de ropa, y un número casi infinito de átomos van y vienen en un parpadeo. El poeta Walt Whitman escribió: "Cada átomo que te pertenece también me pertenece". Tal vez lo haya pensado como una metáfora, pero es la verdad.


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Libro PESO PERFECTO de DEEPAK CHOPRA





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