Las doce dimensiones de la Consciencia

 


Una dimensión no es un lugar físico, sino una frecuencia de existencia, una locación interna donde se agrupan estados de consciencia similares que vibran en armonía y cumplen funciones espirituales específicas. Cada dimensión representa un nivel más elevado o más denso de percepción, donde el alma experimenta y evoluciona.


Contrario a lo que solemos pensar, el nivel dimensional en el que habitas no depende de tu educación, tu estatus económico, tu nacionalidad ni de tu historia familiar. No es algo que se mide con títulos, posesiones o prestigio social. Lo que realmente determina en qué dimensión estás viviendo es tu estado interno de consciencia, ese campo energético donde residen tus pensamientos, emociones, intenciones y vibraciones más profundas.


La dimensionalidad es un fenómeno interno relacionado con la percepción y la realidad interna. Cada dimensión, como el mundo que es, consiste en su propia forma de vida y actividad. Estas dimensiones penetran y afectan nuestra común vida tridimensional, dependiendo del grado de acceso supraconsciente que tengamos de ellas.



El lugar donde habitas no siempre es donde tu alma vibra

¿Por qué a veces dos personas, viviendo experiencias aparentemente similares, reaccionan de formas tan distintas?… ¿Por qué hay quienes florecen en medio del caos, mientras otros se marchitan rodeados de comodidades?… La respuesta está en el estado del ser. Este estado no es fortuito: es la expresión directa de tu karma, de los aprendizajes que tu alma aún necesita integrar, y también de la misión que viniste a cumplir en esta vida.




Hay quienes viven atrapados en dimensiones densas de miedo, control y repetición. Otros, en cambio, han aprendido a trascender las ilusiones del ego, accediendo a planos más sutiles de sabiduría, compasión y expansión.


Cuando accedes a las dimensiones superiores de consciencia, comprendes que nada es un accidente, que incluso las situaciones más difíciles fueron elegidas por tu alma como escenarios de evolución. Desde esa perspectiva más alta, eliges conscientemente tus experiencias, tus desafíos, incluso las personas que aparecen en tu camino. No desde la lógica humana, sino desde un nivel donde todo tiene propósito, incluso lo que duele.


Interdimensionalidad de la consciencia: lo invisible que habita en lo cotidiano


Cuando caminas por un parque, podrías pensar que todos comparten el mismo escenario, el mismo tiempo, incluso el mismo aire. Sin embargo, cada persona está habitando una dimensión distinta de consciencia, una realidad interior completamente única, donde el estado anímico, la claridad mental y la profundidad espiritual vibran en frecuencias muy diferentes.


Ese parque no es un solo lugar. Es una superposición de mundos interiores. Mientras tus ojos ven cuerpos moviéndose en el mismo espacio físico, tu alma podría captar que están existiendo en planos de realidad profundamente distintos.


El parque como metáfora viva de las dimensiones


La interdimensionalidad —ese fenómeno por el cual múltiples niveles de consciencia conviven en un mismo punto del espacio-tiempo— es aún un misterio para la psicología tradicional, pero ha sido intuido por el arte, explorado por la espiritualidad y vislumbrado por la ciencia cuántica.


Imagina un instante congelado:


  • Una pareja se abraza bajo la sombra de un árbol. En apariencia, podrían estar conectados desde los chakras más bajos, pero su unión puede elevarse a las más sutiles frecuencias del amor universal, esa fuerza vibratoria que emana luz y traspasa los velos del ego.

  • Un lector solitario se sumerge en la imaginación. Su consciencia podría estar oscilando entre la lógica tridimensional de la mente racional y los mecanismos cuánticos del pensamiento creativo, donde el tiempo se disuelve y el alma vuela.

  • Un grupo de amigos ríe mientras comparte una comida en el césped. La dimensión desde donde actúan no es solo física: es también un espacio donde la alegría, la pertenencia y la resonancia emocional crean realidades compartidas.

Y luego están los que alimentan ardillas, sin prisa ni propósito aparente. Tal vez para la mente racional estén absortos en una tarea simple, pero espiritualmente podrían estar encarnando la frecuencia elemental de la creación, donde el gesto tierno se convierte en acto sagrado y el contacto con la naturaleza es un puente hacia lo esencial. 


Lo visible es solo la superficie de lo real


Aunque no podamos observar con exactitud la dinámica interior de cada mente, la actividad física, el movimiento corporal, los gestos y las elecciones nos ofrecen pistas de qué dimensión está activándose en cada ser. Porque la consciencia se expresa de maneras sutiles, pero palpables, y cuando desarrollamos la capacidad de percibir más allá de los sentidos, descubrimos que todos habitamos realidades paralelas, incluso cuando compartimos el mismo banco, el mismo sendero, la misma luz de sol.







Mente Superior y realidad Multidimensional … El despertar de la Consciencia Expansiva


Accedemos a la mente superior cuando trascendemos las cargas emocionales de la personalidad y los sentidos, y comenzamos a percibir la vida desde un nivel causal, donde todo tiene un propósito profundo y ordenado. Esta mente superior tiene dos niveles: el primero es abstracto pero aún vinculado a la identidad personal, asociado a la cuarta, quinta, sexta y séptima dimensión. En cambio, el segundo nivel —que abarca desde la séptima hasta la doceava dimensión— trasciende el “yo” y se sumerge en los reinos espirituales de la religión viva, la metafísica y la unidad con lo divino.


Estas dimensiones no son simbólicas ni imaginarias, sino planos reales de existencia, con formas de vida, leyes y actividades propias. Aunque nuestra experiencia humana ocurre en una realidad tridimensional, participamos simultáneamente en otros niveles, incluso sin saberlo. Al ingresar conscientemente en ellos, no solo tomamos energía o sabiduría, sino que vivimos experiencias dentro de esos planos, transformándonos desde dentro. En lo profundo, todos poseemos un recuerdo velado de formas de luz, inteligencias superiores y avances tecnológicos, musicales y espirituales que pertenecen a civilizaciones más elevadas de las cuales también somos parte.


La dimensión con la que sintonizamos determina las capacidades que manifestamos en esta vida: desde el genio artístico hasta la clarividencia, desde la sanación hasta las matemáticas superiores. A través de la alquimia interior, al elevar nuestra frecuencia vibratoria, accedemos a esos planos donde residen los arquetipos del alma. Las dimensiones de la consciencia resuenan con los siete cuerpos sutiles del ser humano y con los anillos energéticos que rodean al planeta. Lo que llamamos espacio exterior, también se experimenta como espacio interior. Comprender esta unidad profunda entre el microcosmos y el macrocosmos exige un salto cuántico en nuestra forma de pensar, un regreso a la verdad que siempre ha vivido dentro de nosotros.


La mente Interdimensional … El arte de vibrar más allá del Tiempo y el Espacio


Imagina lanzar una piedra en un lago en calma. Observa cómo se expanden los círculos concéntricos desde el punto de impacto. El círculo más externo, el más grande, es el que alcanza primero la orilla, mientras que los más pequeños deben recorrer una distancia mayor. Así actúa la energía en movimiento: una danza vibratoria que revela cómo se propaga la consciencia en espirales de expansión.


A diferencia de la mente inferior, que opera en líneas rectas, lógicas y fragmentadas, la mente interdimensional se despliega en patrones circulares, tal como lo hace el sonido, la luz, el radar o el alma en su vuelo. La realidad de la mente superior es concéntrica, expansiva, resonante. Y cuando el pensamiento logra elevarse más allá del ego, y después, más allá de la identidad personal, entonces se abren los reinos sutiles de las dimensiones superiores.



Pero este acceso no es automático. Para entrar en estos dominios de consciencia más elevados, es necesario generar frecuencias más refinadas, más puras, acompañadas de intención, enfoque y sensibilidad. Algunos seres humanos nacen ya con estas puertas abiertas, como resultado de compromisos espirituales previos, adquiridos antes de esta encarnación. Su tarea es sagrada: traer información interdimensional a la realidad concreta, para elevar la frecuencia colectiva del planeta. Y hoy, más que nunca, muchos han despertado a esa misión.





El camino refleja tu esencia… Encuentra tu forma de Conexión con la Luz


El método que elijas para elevarte y conectar con el Origen revela la naturaleza de tu alma. No hay un único camino, ni una única puerta: cada ser vibra con una forma distinta de regresar a la Fuente. Lo importante no es cómo llegas, sino que lo hagas desde la autenticidad de tu vibración interna.


Si eres una persona de corazón sensible y alma devocional, tu forma más natural de conexión será a través de la oración, elevada con amor, reverencia y una profunda gratitud hacia la Luz. Tus palabras no necesitan ser perfectas; basta con que sean sinceras. Cada plegaria es una frecuencia, una espiral que asciende, y si nace del alma, llega directamente a los planos interdimensionales donde habitan los guías, maestros y seres de Luz.


Si tu espíritu se nutre del conocimiento y la lógica, puede que tu sendero sea la ciencia, el pensamiento estructurado o los sistemas mentales que expanden la comprensión del cosmos. También eso es oración: cuando la mente se abre con humildad para buscar la verdad más allá de los límites humanos, se convierte en vehículo sagrado.


Y si tu cuerpo es tu templo, si tu impulso vital es moverte, danzar, construir o servir, entonces el camino hacia la Luz puede nacer en cada gesto, en cada acto. El servicio físico, el movimiento consciente, la acción dedicada también son formas profundas de conexión espiritual. Una danza auténtica puede ser una plegaria silenciosa que eleva la vibración del mundo.


Porque la clave está siempre en la vibración. No importa el lenguaje que uses, ni la forma externa que adopte tu práctica: lo esencial es la energía que emites al hacerlo. Si tu vibración es amorosa, sincera y elevada, te conectarás inevitablemente con las dimensiones más altas del Ser. La vibración es el puente. Y tú eres la frecuencia que eliges sostener.


Dinámica Interdimensional … La arquitectura de la Luz Viva


Los planos superiores de existencia están compuestos por la sustancia más pura de Luz, una Luz que no solo brilla, sino que piensa, siente y crea. En su manifestación más elevada, esa Luz es Inteligencia pura, una consciencia vibrante que no necesita palabras para comprender, porque se expresa a sí misma como una abstracción simultánea, completa, amorosa y profundamente consciente. A medida que esa Luz desciende en vibración, adopta formas más concretas: primero como energía sutil organizada, luego como patrones, y finalmente como materia.


En los niveles más densos, como nuestra tercera dimensión, esa misma sustancia se manifiesta en forma de materia física, compuesta por elementos primarios inertes, envuelta en las leyes del espacio-tiempo. Aquí, en este plano, la vida parece fragmentada, secuencial, gobernada por causas y efectos lineales. Pero en realidad, todo proviene de un solo origen: una Luz universal que se ha condensado para darnos experiencia, forma y aprendizaje.


Estas dimensiones interdimensionales se acceden a través de nuestros siete cuerpos sutiles, y muy especialmente, mediante la activación de los chakras superiores. Cuanto más alta es nuestra frecuencia —más elevada nuestra vibración, más refinado nuestro enfoque interior—, más amplio se vuelve el plano al que accedemos. Y en consecuencia, nuestra consciencia se expande, se eleva y se libera de las limitaciones del cuerpo y del ego. Lo que antes parecía invisible o lejano, se vuelve tan real como lo tangible.


A excepción del plano físico terráqueo, todos los habitantes de los niveles superiores son Seres de Luz, que no solo poseen forma, sino que encarnan conceptos vivientes, expresiones puras de sabiduría, amor y servicio. Algunos de ellos han encarnado en la Tierra para cumplir misiones específicas, otros no lo han hecho, pero permanecen activos en esos planos, ofreciendo guía, inspiración y asistencia silenciosa. Todos ellos residen en estos niveles superiores por una sola ley: la Ley de la Atracción Vibracional. Es decir, todo ser va hacia el plano que vibra en resonancia con su frecuencia interior. Nada es impuesto; todo es afinidad energética.






La Tercera Dimensión: El Campo de Pruebas del Alma


La tercera dimensión es el plano donde actualmente habita nuestro cuerpo físico, el escenario más denso y desafiante del viaje del alma. Es aquí donde encarnamos una y otra vez, hasta alcanzar la maestría sobre los tres cuerpos inferiores: el físico, el emocional y el mental. Solo entonces estaremos listos para ascender de forma consciente hacia planos más sutiles de existencia.


Este nivel es único en todo el espectro de la creación. Aquí se manifiestan las emociones generadas por la mente humana —deseo, miedo, apego, culpa—, que no existen de la misma manera en otras dimensiones. Por eso, la tercera dimensión es conocida como el plano kármico, donde se entrelazan causas y consecuencias, aprendizajes y repeticiones. No es un castigo, sino una escuela intensiva para el alma. Cada emoción desbordada, cada sombra enfrentada, cada decisión consciente, forja la alquimia interior que nos prepara para lo superior.


La tercera dimensión es, en verdad, el campo de pruebas del espíritu. Aquí desarrollamos el carácter, el discernimiento, la voluntad. Es el gimnasio del alma, donde entrenamos la fuerza que necesitaremos para sostener la luz en dimensiones más elevadas. Cada obstáculo que enfrentamos, cada error que redimimos, es parte de un proceso sagrado de crecimiento, porque solo a través de la experiencia directa —incluso del dolor—, construimos las habilidades que utilizaremos en todos los niveles de la creación.


La Mente en la Tercera Dimensión: Fragmentación, Densidad y Aprendizaje


En la tercera dimensión, la mente se expresa en detalle y secuencia. Todo se percibe de forma lineal, fraccionada, como si la realidad estuviera hecha de partes sueltas que deben ensamblarse paso a paso para formar un todo comprensible. Es un plano de estructura, de construcción, donde cada elemento parece separado del otro. Por eso, la percepción aquí es lenta, y a menudo limitada por la ilusión de tiempo y espacio.


El entorno de esta dimensión es denso, material, y compuesto por incontables fragmentos físicos que necesitan ser organizados para volverse funcionales. Vivimos en este plano cuando nuestros pensamientos son mecánicos, repetitivos o excesivamente analíticos; cuando nos identificamos con el cuerpo, con la mortalidad, con la idea de estar aislados del Todo. Aquí es común sentirnos solos, confundidos o emocionalmente alterados, porque la mente inferior domina con su ruido constante y su apego al miedo.


Sin embargo, esta dimensión también es un aula sagrada, donde el alma aprende los fundamentos del dominio energético. Aquí comenzamos a entrenarnos en el manejo y control de la energía y la materia. Aprendemos a enfocar, a sostener intención, a crear en un mundo donde todo parece resistente al cambio. Y en esa aparente dificultad, desarrollamos la fuerza necesaria para transformar, no solo nuestro entorno, sino nuestro estado interior. Es en esta densidad donde la luz comienza a hacerse consciente de sí misma.


La Cuarta Dimensión: El Puente de Luz entre el Pensamiento y la Realidad


La cuarta dimensión es un espejo sutil de nuestra realidad física, una existencia paralela que no carga con la densidad de la materia, pero que guarda una estructura semejante a la nuestra. Es el plano donde la mente comienza a crear sin limitaciones físicas, dando forma y uso a las ideas antes de que se materialicen en la tercera dimensión. Aquí, el pensamiento no es solo pensamiento: es energía en acción, es creación inmediata.


Mientras que en la tercera dimensión avanzamos paso a paso, siguiendo secuencias y procesos lineales, en la cuarta dimensión funcionamos por unidad y visión completa. La información llega en paquetes energéticos que la mente integra y comprende de forma más global. Los objetos no son sólidos, sino fragmentos de luz que se ensamblan en nuestra percepción. Lo que aquí imaginamos, allá se manifiesta. La mente precipita en sustancia pensante todo lo que necesita.


Este plano es el origen de la manifestación. Cuando visualizamos, soñamos o ideamos algo, lo estamos extrayendo directamente de la cuarta dimensión. Allí, somos lo que pensamos, y lo que pensamos, existe. La cuarta dimensión es el lugar donde nace la visión creativa, la planificación sagrada, la alquimia mental. Todo lo que proyectamos con intención consciente aquí, puede encontrar forma en el mundo físico. Por eso, este plano es también el hogar de los visionarios, los arquitectos del alma, los que siembran en la luz para que florezca en la materia.


La Quinta Dimensión: El Hogar de la Mente Unificada y la Genialidad Espiritual


La quinta dimensión es el plano donde la mente trasciende la palabra y se expresa como un todo vibracional. Aquí, el pensamiento no es lineal ni fragmentado: es telepático, inmediato, completo. No hay necesidad de traducir una idea en lenguaje, porque las consciencias se comunican a través de la resonancia pura.


Muchos científicos, inventores y visionarios acceden naturalmente a esta dimensión, sin saberlo conscientemente. Es desde aquí que se materializan los grandes destellos de inspiración, las soluciones súbitas y las ideas completas que aparecen de forma instantánea. Cuando tienes una visión clara de una actividad terminada, cuando sabes sin saber cómo sabes, estás operando desde la quinta dimensión.


El ambiente en este plano es ultra moderno, abierto, luminoso, como si el espacio estuviera hecho de inteligencia viva. Aquí, los objetos no se construyen paso a paso: aparecen completos, concebidos desde su totalidad. Este es el plano donde la realización mental se manifiesta sin esfuerzo, donde las respuestas a problemas complejos emergen con claridad cristalina, y donde los chispazos de genialidad se convierten en caminos de creación. En la quinta dimensión, la mente y la luz son una sola fuerza al servicio del despertar.


La Sexta Dimensión: El Laboratorio Creativo de la Mente Universal


La sexta dimensión es el plano donde la mente superior procesa y refina las ideas en su forma más pura, antes de que estas puedan ser proyectadas hacia dimensiones más concretas, como la quinta. Aquí, las frecuencias mentales son tan elevadas y dinámicas que se manifiestan como un flujo incesante de creación. Es un plano de reestructuración constante, donde cada concepto es analizado, transformado y redirigido hacia su mejor versión.


La mente, en la sexta dimensión, no piensa en términos lineales ni fijos. Se expresa como un movimiento constante, como un espiral creativo en evolución continua. Las ideas no se detienen: giran, se multiplican, se refinan y se entrelazan. Este plano da lugar a una generación inagotable de posibilidades, donde cada chispa de pensamiento involucra todos los aspectos del ser mental: lógica, intuición, abstracción y visión. Es aquí donde se gestan los códigos de la creación.


El ambiente es profundamente futurista, con una estética que podría describirse como electrónica y mecánicamente avanzada, más allá de nuestra comprensión tecnológica actual. Tocamos esta dimensión cuando entramos en una vena creativa profunda, cuando exploramos alternativas mentales o damos giros radicales a nuestra forma de pensar. Es una energía eléctrica, veloz, desbordante. Muchas veces, no llegamos a entenderla de inmediato, pero dejamos que nos atraviese y nos transforme. En este nivel, accedemos a la dinámica del control mental superior, y se abren las puertas a la física cuántica, las altas matemáticas y las formas puras de pensamiento geométrico.


La Séptima Dimensión: El Centro de Sabiduría Cósmica y Conexión Galáctica


Comprender la naturaleza de la séptima dimensión es esencial para quienes transitan el camino de la alquimia interior. En este plano vibracionalmente elevado, se encuentra el campo de acción del Ser Superior, el lugar donde reside y se fortalece el Cuerpo Mental Superior Crístico, y desde donde fluye la sabiduría hacia los planos más densos del ser.


Este nivel sostiene la memoria universal. Es aquí donde se almacenan los registros akáshicos, las impresiones energéticas de toda experiencia vivida por cada alma, cada espíritu individual y cada acontecimiento ocurrido en el planeta. No es solo un plano espiritual; también es profundamente personal, porque guarda el mapa vibratorio de tu viaje a través del tiempo y del espacio. Es el puente entre la mente inferior y la superior, entre el yo limitado y el Yo divino.


La séptima dimensión actúa como un nodo central de información interplanetaria y espiritual. Puede entenderse como la capital galáctica del planeta, una estación de intercambio donde convergen canales de comunicación, transporte y sabiduría entre mundos. En este plano se ubican vastos centros de conocimiento, archivos cósmicos y plataformas de aeronaves de alta consciencia. Es también una escuela filosófica universal, donde se investigan los grandes propósitos de la creación, la existencia del alma y los caminos del despertar.


En este nivel existen las imágenes puras de perfección que, en planos inferiores, tratamos de emular. Aquí no se busca la verdad; la verdad es. Este plano está entre dos mundos: por debajo se encuentra la mente aplicada y la experiencia individualizada; por encima, la vida espiritual más abstracta y luminosa. Incluso los seres que vibran en la doceava dimensión deben canalizar su influencia a través del séptimo plano para alcanzarnos.


La mente, en esta dimensión, se expresa a través del símbolo, la enseñanza arquetípica, el mito y la fábula. Es una consciencia que comunica no solo ideas, sino sabiduría vivida y perfección intemporal. Y nos conectamos con este plano cada vez que exploramos el propósito profundo de nuestra existencia, cada vez que nos sumergimos en la filosofía, la psicología del alma o la contemplación espiritual.


En la séptima dimensión, la Sabiduría no se piensa: se experimenta. Y desde esa experiencia, se ilumina el camino para todo lo que somos, hemos sido y aún seremos.


La Octava Dimensión: El Taller Cósmico de la Creación Abstracta


La octava dimensión es un espacio vibracional de transición, donde las grandes ideas nacidas en planos superiores comienzan a adquirir una dirección personal. Aunque su naturaleza sigue siendo altamente abstracta, en este nivel los conceptos universales se aproximan a una forma que puede ser entendida, aplicada y modelada más adelante. Es el momento en que lo infinito empieza a volverse moldeable, sin perder su esencia.


Este plano actúa como una especie de laboratorio cósmico, en el que las ideas se ensayan antes de descender a dimensiones como la sexta o la quinta, donde ya se transforman en patrones útiles, estructuras mentales y aplicaciones concretas. La mente aquí se expresa como un impulso de individualización, como si deseara tomar cuerpo, sin abandonar del todo su conexión con la totalidad. Es un punto de gestación: el escultor frente al bloque de mármol, viendo en su interior la obra terminada, aunque aún no haya comenzado a tallarla.


La sensación predominante en la octava dimensión es la de haber alcanzado algo, sin poder explicarlo completamente. Es ese momento sutil en que sentimos que una comprensión profunda se acerca, pero aún no se revela con palabras. Esta es la dimensión donde surge una percepción tecnológica intuitiva, donde accedemos a ideas estructurales, fórmulas, diseños o innovaciones sin haberlas razonado. Todo parece surgir desde una conexión directa con la inteligencia universal.


El ambiente en este plano es eléctrico, dinámico y fértil. Se respira movimiento, amplitud, posibilidades aún no desplegadas. Nos encontramos aquí cuando estamos en plena efervescencia creativa, cuando sentimos que una solución, una idea o un nuevo camino está en ciernes. En la octava dimensión, no creamos desde la mente lógica, sino desde un tipo de intuición activa, vibrante, que nos impulsa a dar forma a lo que aún no existe. Y aunque el lenguaje humano no pueda siempre describir lo que allí se percibe, el alma reconoce en este plano un estado de poder silencioso, una fase pura de creación que antecede a toda manifestación.


La Novena Dimensión: El Reino de la Probabilidad y los Sistemas Universales


La novena dimensión representa un nivel de consciencia profundamente abstracto, donde la mente ya no se limita a crear ideas, sino que las pone en acción como sistemas complejos y globales. Para nosotros, este plano es conocido como el reino de la probabilidad, donde se exploran no solo lo que es, sino todo lo que podría llegar a ser.


Aquí opera una inteligencia que combina intuición elevada con precisión científica. Es el plano de la investigación ultra-abstracta, donde se gestan nuevas formas de comprender el universo desde una visión holística, matemática y energética a la vez. La mente, en esta dimensión, no razona ni imagina como lo haría en planos inferiores: construye arquitecturas invisibles, patrones de funcionamiento universal que conectan disciplinas, niveles y realidades aparentemente separadas.


El ambiente en la novena dimensión se percibe como una compilación avanzada de tecnologías de luz, una red vibrante de comunicaciones interdimensionales, estructuras electrónicas y sistemas mecánicos que operan como extensiones conscientes de la inteligencia universal. Es un plano donde todo está interconectado, y donde la información fluye como pulsos vivos de energía.


Cuando entramos en contacto con esta dimensión, adquirimos una comprensión superior de los sistemas, sus principios y su universalidad. Es aquí donde aparecen las respuestas sobre el “cómo”: cómo organizar, cómo manifestar, cómo armonizar distintas partes dentro de un todo coherente. Estás vibrando en la novena dimensión cuando comprendes algo complejo de forma inmediata, cuando ves conexiones donde antes solo había caos, cuando percibes una claridad estructural que revela el propósito oculto tras lo aparentemente disperso.


De la Décima a la Doceava Dimensión: El Retorno a la Fuente


Las dimensiones superiores de la consciencia, desde la décima hasta la doceava, constituyen una unidad sagrada que trasciende todo intento de comprensión lógica. Son planos tan elevados, tan sutiles y abstractos, que solo pueden ser experimentados desde el silencio interior, más allá del pensamiento. Para acceder a ellos, debemos disolver nuestras estructuras mentales y abrirnos a una percepción directa, sin juicio. Aquí no se piensa: se es.


Tradicionalmente asociadas a estados místicos, de iluminación o de fusión con lo divino, estas dimensiones no son exclusivas de los grandes maestros o iniciados. Todos podemos tocarlas, al menos por momentos, cuando nuestra vibración se eleva lo suficiente. Desde estos planos superiores, nos llegan cualidades de inteligencia universal, impulsos creativos, inspiración profunda y memorias de lo que siempre hemos sido.


La Décima Dimensión: El Orden Silencioso de la Naturaleza


En este plano reina el silencio creador, ese espacio fértil donde todo está en potencia, pero aún no ha tomado forma. Es el reino de la posibilidad pura, donde la naturaleza comienza a gestarse como una fuerza viva, no manifestada. Aquí se origina el diseño energético de todo lo que puede llegar a ser. Se siente como una calma total, como si el universo respirara en quietud.


La Onceava Dimensión: Unidad y Hermandad Cósmica


Desde la calma vibrante de la décima, surge el pulso creador. En este plano, la luz se descompone en colores, el sonido en música y la inteligencia en conceptos. Aquí nace la verdadera universalidad. Es el plano de la hermandad espiritual, donde se percibe con claridad que todo está conectado, que la separación es solo una ilusión temporal. Esta dimensión impulsa los movimientos de consciencia global, y muchas de las ideas que inspiran hoy a la humanidad —como la cooperación, la ecología sagrada, la compasión— emergen desde este nivel.


La Doceava Dimensión: El Ser Divino Interior


La dimensión más alta en esta escala es la doceava, el plano donde se manifiesta nuestro Dios Interior, esa chispa de luz original que nos habita desde el principio. Aquí, la consciencia se vuelve fuerza vital, puro impulso creador. La mente ya no actúa ni razona, simplemente vibra en perfección.


Este plano contiene la frecuencia sagrada que cada alma lleva dentro, la nota única que fue impresa en nosotros desde el Gran Sol Central. Los Seres de Espíritu que habitan aquí no son entes separados, sino guardianes de la vibración original, y acompañan nuestro viaje desde el umbral más puro de la creación. Si imaginamos los anillos concéntricos en un lago, este sería el círculo más grande, más expandido, y a la vez, el más cercano al centro del espíritu. Desde aquí nace la energía que impulsa todo viaje, todo despertar, toda transformación.


Conclusión: El Viaje del Alma a Través de las Dimensiones de la Consciencia


Cada una de las doce dimensiones de la consciencia representa un peldaño en el viaje del alma, un nivel de aprendizaje, integración y expansión. No son lugares lejanos, sino estados del ser que coexisten en nosotros, y a los que accedemos según la vibración que sostenemos. Desde la densidad emocional de la tercera dimensión hasta el resplandor del Ser Divino en la doceava, cada plano guarda una llave que nos conduce más cerca de nuestra esencia original.


La tercera dimensión es nuestra escuela física, donde aprendemos desde la experiencia directa. La cuarta abre el campo de la visualización, la imaginación creativa. La quinta nos conecta con la mente unificada y los destellos de genialidad. En la sexta nacen los patrones de pensamiento elevados y la tecnología intuitiva. La séptima dimensión nos ofrece acceso a la sabiduría del alma, los registros akáshicos y la actividad intergaláctica.


A partir de la octava, el alma se sumerge en niveles aún más sutiles. Allí la creación ocurre sin forma, pero con dirección. La novena introduce la comprensión de los sistemas universales. En la décima, accedemos al campo de las posibilidades puras. En la onceava, todo vibra en unidad: luz, sonido, pensamiento y propósito se alinean. Y finalmente, en la doceava dimensión, la consciencia se funde con el Origen, en una frecuencia de sabiduría, creación y perfección absoluta.


Este mapa no es lineal. Es concéntrico, como las ondas en el agua cuando una intención nace desde el alma. Cada dimensión no es una meta, sino un reflejo de lo que ya somos en nuestro estado más completo. No se trata de escapar del mundo físico, sino de vivirlo desde un nivel superior de comprensión.


Recordar quiénes somos es recorrer estas dimensiones con presencia, humildad y propósito. Es alinear nuestros cuerpos, activar nuestros centros, refinar nuestras emociones, iluminar nuestros pensamientos y abrirnos a la vastedad que nos habita. Porque en lo profundo, no somos solo humanos en busca del espíritu… somos espíritus que han elegido recordar, encarnados en el milagro de la consciencia.







extraído https://www.shurya.com/las-doce-dimensiones-de-la-consciencia/

















COMPRENDER LA VERDADERA NATURALEZA DE SU MENTE Y DE SU CUERPO de DEEPAK CHOPRA

 




Libro PESO PERFECTO de DEEPAK CHOPRA


Estamos demasiado preocupados por el problema del sobrepeso. En mi opinión, en algunos casos se justifica y en otros, no. Pero aunque una persona esté justificadamente preocupada por el peso, a menudo adopta medidas ineficaces y hasta peligrosas para su salud. A menudo hemos tenido noticias de esta confusión en relación con las dietas de choque, los ejercicios extenuantes y las perturbaciones relacionadas con la comida como la anorexia y la bulimia. El tema del control de peso se convirtió en un enredo de evidencias contradictorias y en un cambio permanente de indicaciones que nos dejaron confundidos y, quizás, algo pesimistas con respecto a las posibilidades de cambios positivos.


Uno de los objetivos principales del libro es simplificar lo relativo al control de peso para que usted  pueda adoptar decisiones inteligentes acerca de cómo lograr el peso deseado o cómo sentirse mejor con el que tiene. Para empezar, veamos algunas de las duras verdades que surgieron de la preocupación por los kilos de más.


Primero, la dieta considerada en el sentido tradicional de restringir la ingesta de alimentos casi siempre da resultado a corto plazo y casi nunca a largo plazo. Puede elegir cualquiera de los numerosos planes dietéticos accesibles en el mercado, atenerse a él unos meses y adelgazar. Pero esos kilos y tal vez algunos más volverán después de un tiempo. Esta experiencia la han vivido casi todos aquellos que han hecho dieta con seriedad.


Segundo, así como hay riesgos reales para la salud en el sobrepeso, también los hay en la pérdida de peso y el más peligroso es el efecto yo-yo que provocan las dietas. Existen evidencias comprobadas de que los ascensos y descensos importantes de peso tienen riesgos importantes para la salud. En un estudio, hombres que habían bajado más de cinco kilos en una década tenían una tasa de mortalidad mucho mayor que los que mantenían un peso estable. Y aunque no se individualizó ningún alimento en la investigación de los hábitos alimentarios de personas muy longevas al que pueda atribuirse esa longevidad, existe la evidencia de que esas personas sin duda mantienen un peso constante a lo largo de sus vidas adultas.


Por último, habría que reflexionar con suma seriedad sobre los efectos emocionales del control de peso. Creo que nos puede ayudar un notable estudio realizado en Finlandia, donde los ataques cardíacos se dan en un promedio que está entre los más altos del mundo. Mil doscientos ejecutivos de negocios con alto riesgo de enfermedades cardíacas por obesidad, hipertensión, colesterol elevado o tabaquismo fueron invitados a seguir un régimen estricto de dieta baja en grasas.


Entretanto, se permitió que otro grupo de individuos de alto riesgo hiciera lo que quisiese. Por  asombroso que parezca, los promedios de mortalidad fueron mucho más elevados en el grupo sobre el que se ejerció un control estricto. La única explicación consiste en que la tensión y la angustia  provocadas por tener que seguir un estilo de vida poco familiar, "saludable", destruían por completo cualquier beneficio que pudiese tener ese estilo de vida de por sí.


Cómo ve, el peso y la salud son temas más complejos que consumir menos calorías o pasar de la manteca a la margarina. A menos que haya obesidad clínica, definida como un 25% de peso por encima del considerado normal para esa altura, lo que conviene tener en cuenta es un tema más subjetivo que ha sido ampliamente reconocido. Quizá, lo más importante debería ser la capacidad de sentir control sobre el propio cuerpo. Si siente que el peso es algo accidental, tal como una pierna rota, está justificado en cambiar. Si, por otra parte, se siente cómodo con sus proporciones actuales (y no es obeso), no debe permitir que la opinión de nadie desplace a la suya propia. En síntesis, tal vez ya haya conseguido usted el peso ideal. Pero si no es así, esta obra le enseñará cómo identificar esa meta ideal, cómo lograrlo sin tensión emocional ni dolor físico, y cómo mantenerlo en el futuro.


Examinemos por un momento los hechos históricos que conducen a la obsesión actual por tener un  cuerpo perfecto.


En 1876, cien años después de la firma de la Declaración de la Independencia, se consideraba normal que el jefe de una familia norteamericana de clase media tomara un "buen" desayuno. Esto incluía carne vacuna, tocino y huevos, papas/patatas fritas, tortitas, salchichas, gachas, rosquillas y fruta... todo de una "sentada".


Parece excesivo, ¿no? Aunque fuese el consumo de todo el día, estaría en contradicción con la mayoría de las recomendaciones actuales acerca de la dieta. ¡Como única comida es un signo de glotonería!


Pero consideremos esto: después de ingerir semejante desayuno, lo más probable era que el sujeto tuviese que afrontar una jornada de trabajo de entre doce y catorce horas en una granja o en alguna fábrica de la industria pesada como una acería o los ferrocarriles. Más aún, los patrones para juzgar una apariencia atractiva y saludable eran muy diferentes. En una época en que estaba muy difundido el rostro demacrado de los tuberculosos, en especial entre los pobres, la grasa era señal de prosperidad económica y bienestar físico. Hace cien años, se admiraba a muchas personas con demasiado sobrepeso, por lo menos según los criterios actuales. Un ejemplo sería William Howard Taft, que en los primeros años del siglo XX fue presidente de Estados Unidos y también presidente de la Corte Suprema de Justicia; pesaba más de 136 kilogramos, y a menudo tenían que ayudarlo a salir de la bañera.


Pero ya en el siglo XIX se oían voces que condenaban la forma extravagante de comer y los efectos sobre el cuerpo. Las compañías cerealeras fueron pioneras como proveedoras de comida sana. El trigo triturado fue inventado en 1892 por un vegetariano de Denver, Henry Perky.


Todavía vemos actitudes competitivas hacia la comida y el peso, y tal vez más fuertes que nunca. Pero se han producido cambios importantes que hacen la lucha más intensa aún. Por un lado, los refrigeradores se hicieron accesibles al público en la época cercana a la primera guerra mundial, y con ellos ciertos elementos perecederos como la manteca, la nata y hasta los helados... por no hablar de innovaciones más recientes como las bebidas sin alcohol, el jarabe de chocolate y los alimentos congelados con alta proporción de grasas. Entretanto, la vida cotidiana se hizo más fácil, por lo menos en lo que se refiere al trabajo físico. El enorme esfuerzo que significaba preparar un desayuno de costillas y huevos fue reemplazado por teclear la computadora y levantar el teléfono.


A comienzos del siglo XX, se invertía buena parte del trabajo que requería enorme cantidad de energías en producir mercaderías y servicios para la sociedad. Hoy en día, cuando la producción no requiere casi nada de trabajo físico y tenemos acceso inmediato a una amplia gama de alimentos muy tentadores pero que engordan mucho, existe un número mayor de personas que cumplen los patrones médicos de obesidad. Pero como esa comida acarrea una culpa tremenda, también se han extendido los esfuerzos para cambiar (aunque a menudo son inútiles). Las investigaciones demuestran que en cualquier año, la mitad de la población de Norteamérica inicia una dieta para reducir de peso; hay aproximadamente 50 millones de personas haciendo dieta en cualquier momento; un 75 por ciento de las mujeres norteamericanas creen que tienen que adelgazar: los ciudadanos americanos gastan más de 30 billones de dólares en sus esfuerzos por bajar de peso o, por lo menos, para prevenir el aumento. Aun así, la mujer promedio actual pesa entre dos y tres kilos más que hace veinte años, y el peso en general de los norteamericanos está ascendiendo.


¿A qué se debe ese comportamiento contradictorio? ¿Por qué la gente engorda, a veces hasta amenazar su salud, y a pesar de los intentos para cambiar? ¿Por qué fallan el 98 por ciento de los programas para bajar de peso? Para responder a estas preguntas es necesario comprender ciertos conceptos notables acerca del cuerpo y de cómo funciona.


Quiero presentarle el concepto de cuerpo/mente mecánico cuántico. Una vez que haya entendido el verdadero carácter del cuerpo y de la mente, que los vea cómo son en realidad, bastará con este 

conocimiento para causar un efecto asombroso sobre su comportamiento en lo referido al peso. En verdad, puede tener un efecto importante sobre el modo que usted tiene de concebir la vida como un todo.


El concepto del cuerpo humano que tiene la mayoría de nosotros en realidad se basa en una superstición: la superstición del materialismo.


Al decir materialismo, me refiero a la idea de que la apariencia de algo determina cómo es en verdad. Por supuesto, hasta cierto punto hace falta ser materialista en la vida cotidiana. Pero en sentido básico, no expresa lo que sabemos de la verdadera naturaleza de la realidad. Algunos aspectos de esto son muy evidentes: la Tierra parece plana pero sabemos que es redonda; nos parece que la tierra sobre la que estamos parados está inmóvil y sin embargo sabemos que gira a velocidades vertiginosas mientras recorre el espacio a miles de kilómetros por hora. Como verá enseguida, otros ejemplos de los límites del materialismo son más sutiles, pero en esencia es lo mismo. No podemos confiar del todo en nuestros sentidos.


Aunque éstos nos indiquen que el cuerpo es una estructura anatómica sólida, congelada, fija en el espacio y el tiempo, no es así. La verdad es que nuestro cuerpo es un río de inteligencia, información y energía que se renueva constantemente a cada segundo de la existencia. Del mismo modo que no se puede bañar en el mismo río dos veces, tampoco puede habitar la misma carne ni por una fracción de segundo, porque a cada instante crea, literalmente, un cuerpo nuevo.


Se cambia el cuerpo con menos esfuerzo, de manera más espontánea y más expedita que cuando se cambia de ropa. De hecho, en este mismo instante, en este mismo segundo, el cuerpo con el que lee este libro no es el mismo que cuando empezó, hace unos minutos.


En el Ayurveda (palabra sánscrita que significa "la ciencia de la vida"), el sistema de la medicina india tradicional en que se basa esta obra, el cuerpo humano se define como una fluctuación de energía e información en un campo más grande de energía e información. El cuerpo no es tanto una "cosa" como un proceso. Así, no nos concentraremos en las moléculas que conforman el cuerpo sino en el funcionamiento, los cambios, el fluir, de esos procesos que lo constituyen. Desde luego, para nuestros propósitos actuales, las funciones más importantes son la comida, la respiración, la digestión, el metabolismo, la eliminación, y una actividad muy importante que se conoce como el movimiento de la conciencia, que en realidad es la base de todas las demás.


Tomemos un ejemplo: el acto de respirar. Con cada respiración, se inhalan 1022 átomos del universo. Este volumen astronómico de materia prima penetra en su cuerpo desde el medio ambiente y se transforma rápidamente en las células del corazón, los huesos, riñones e hígado. Por consiguiente, con cada exhalación, se liberan la misma cantidad de átomos de cada parte del cuerpo. En sentido literal, se exhalan trocitos y piezas del corazón y los riñones.


Desde un punto de vista técnico, compartimos nuestros órganos con otras personas todo el tiempo, y no sólo con nuestros contemporáneos sino con todos los que han vivido. Según cómputos matemáticos de isótopos radiactivos, puede demostrarse sin sombra de duda que en este mismo instante, en su cuerpo físico, tiene millones de átomos que una vez estuvieron en el cuerpo de Jesús, de Buda, de Gengis Khan o de Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. En las últimas tres semanas, un cuatrillón de átomos —un 10 seguido de quince ceros— ha pasado a través de su cuerpo y también lo ha hecho por los de todos los seres vivientes de este planeta.


En menos de un año, el 98 por ciento de los átomos del cuerpo cambian por completo. Esto incluye los de ADN, que conservan la memoria de millones de años de evolución. La materia prima del ADN —carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno— viene y va cada seis semanas, como las aves migratorias.


En síntesis, de manera literal cambiar el cuerpo requiere tan poco esfuerzo como cambiarse de ropa, y un número casi infinito de átomos van y vienen en un parpadeo. El poeta Walt Whitman escribió: "Cada átomo que te pertenece también me pertenece". Tal vez lo haya pensado como una metáfora, pero es la verdad.




💗





Auto Sanación Cuántica





Dedicatoria


Amigas, Amigos:

No se podía dijo la ciencia
Se puede dijo el Instinto
Será dijo la Mente
Inténtalo por ti mismo
Y lo verás...


Desde hace años he postulado que la Sanación de una enfermedad la desencadena todo aquello que le hace creer al subconsciente que se podrá ese mal sanar. Si se tiene una Actitud Mental favorable u optimista frente a un mal y se refuerza la acción del Pensamiento Positivo, que es un acto consciente, el subconsciente acepta como válido, en la medida de la fe y reiteración, canalizar desde el plano Astral superior la natural fuerza de armonía y sanación hacia el cerebro y por su intermedio al órgano afectado.

Reforzando ese aserto, sobre la base de la Ciencia de la Mente he dicho que:


Si tu sientes que no eres capaz, eso lo acepta tu subconsciente para que así sea. Si con convicción piensas que eres capaz y lo haces de manera reiterada así el subconsciente verá cómo materializarlo movilizándose más allá del tiempo y el espacio para que logres ese justo anhelo. La realidad es que al tener una media diaria del 70% con pensamientos basura estamos mal programados y bloqueamos lo sutil en nosotros. Sin embargo nadie nos puede impedir que podamos revertir esa negativa polaridad realizando lo que llamo la personal REPROGRAMACIÓN mental que es el núcleo fundamental de la Ciencia de la Mente y esto hacerlo, por ejemplo, para el logro de un mejor estado de salud.


REPROGRAMAR LA MENTE es fundamental para la Auto Sanación, significa revertir la polaridad mental orientándola hacia lo positivo. Significa activar las sutiles partículas de la mente que son las que dan lugar al PENSAMIENTO POSITIVO (PP). Pensar más a diario en Positivo conlleva a tener una Actitud Mental Positiva (AMP) frente a los problemas del diario vivir. La Actitud es fundamental para lo bien que el anhelo lo puedas hacer. PP + AMP dan lugar a una serie de cuánticos cuasi “Milagros” individuales que se caracterizan por:


1.- Sutilización de la mente consciente elaboradora de los pensamientos al ser anuladas partículas densas propias del pensamiento basura transmutadas hacia partículas sutiles propias del Mejor Pensar. Creación de Módulos para archivar el Mejor Pensamiento, módulos que debilitan a los preexistentes destinados al pensar basura. En la mente no pueden estar a la vez dos pensamientos antagónicos, ello permite debilitar y anular el mal pensar al anteponerle de inmediato su opuesto Pensamiento Positivo.


2.- Similar Sutilización sucede en la mente subconsciente por la acción del Buen Pensar. Ello hace al subconsciente actuar como mejor transmisor y transformador de la Fuerza que recibe desde el alma y el plano Astral, Fuerza que a diario y cada instante el subconsciente nos hace llegar para poder vivir y que nuestros justos anhelos mentales conscientes sean realidad.


3.- La mente consciente con la fuerza de cada PP + AMP y la mayor acción del subconsciente sutilizado actúa sobre el cerebro dando lugar a una REINGENIERÍA CEREBRAL, en donde tenemos un cerebro que a lo más trabaja al 10% en su función cuántico cerebro-mente, por lo tanto la acción mental no supera el 10% ya que la mente se expresa según la capacidad cuántico cerebro mental que se tenga. El “Milagro” del PP + AMP está en que por la Fuerza Mental de la aparente nada surge nueva y mejor materia que desarrolla el cerebro, se movilizan átomos y moléculas, aumenta el número de neuroglias, se modifican células; nuevas neuronas son habilitadas para el salto cuántico con la mente, el Hemisferio Cerebral Izquierdo trabaja en su ritmo beta ideal de 15 ciclos por segundo, a su vez el Hemisferio Cerebral Derecho trabaja en su ritmo alfa ideal de 10 ciclos por segundo, lo que permite una mayor expresión mental que da lugar a un círculo virtuoso caracterizado por:


La mejor programación mental permite un mayor desarrollo cuántico y biológico cerebral: Por mayor desarrollo cuántico cerebral hay una mayor expresión mental que a su vez estimula al desarrollo cerebral que… en un proceso en ascendente espiral de sutilización mental y desarrollo cerebral.


4.- Además tenemos que la Fuerza del Mejor Pensar llega a cada célula del cuerpo, lo que permite aportar Armonía y Sanación al organismo.


5.- Un último “Milagro” del PP + AMP lo vemos en el genoma del núcleo de cada célula donde ocurre una favorable mutación por la que, genes humanos primitivos son transmutados a genes sutiles.


La Actitud Mental es fundamental en la vida y esta actitud mental es el reflejo de la media diaria de pensamiento que uno tiene. Tanto así que la Ciencia de la Mente en uno de sus postulados básicos afirma que:


Se es el resultado de lo que se ha pensado Se será el fruto de lo que desde ahora se piense


La Auto Sanación Cuántica lo será si uno, desde ahora, logra considerar y poner en práctica el don de activar de manera consciente al subconsciente para que éste, más allá del tiempo y del espacio, en el plano Astral sutil contacte con afines subconscientes y Seres de Luz y reciba la Fuerza-Energía-Luz (FEL) para canalizarla al consciente mental y el cerebro haciendo real el anhelo de Auto Sanación o el anhelo de seguir Sano... ¿Cómo lograrlo? Por la metodología de interiorización dinámica visualizada que expondré más adelante.


Al hablar de Auto Sanación lo hago convencido que todos podemos realizarlo de alguna manera en uno mismo. Diferente es la situación con la del real Sanador que ayuda a otras personas, él tiene un don, el de servir de intermediario cual sanador. De 1.000 personas consideradas como sanadores dudo haya 1 a 10 que realmente lo sean. Horacio Velmont afirma:


No es sanación la que se produce por sugestión, porque solamente se trata de un efecto placebo. La “curación” por sugestión no ataca la raíz del problema y la enfermedad sigue ahí recrudeciendo más tarde. El verdadero sanador sana a través de la energía de Luz, la energía Cósmica o del Absoluto. Esa energía no la emite él sino que pasa a través de él hacia el aura desarmonizada del paciente, que de inmediato queda armonizada. La sanación no sólo depende del sanador sino también del karma del paciente. Muchas veces es el propio paciente el que elige padecer determinada enfermedad, antes de encarnar, para aprender determinada lección y así revertir su karma y evolucionar, es decir ascender de plano. Cuando la vibración áurica vibra de una manera armoniosa causa que las células deterioradas sanen. Cuando el aura está desarmonizada transmite una radiación negativa y entonces las células enferman. Pero no en todos los casos la sanación se puede lograr. Por ejemplo, cuando en un organismo físico hay algunas neuronas muy deterioradas y la persona tiene un desfasaje cerebral que hace que no haya madurado cerebralmente, o que tenga alguna disfunción motriz por culpa del cerebro, en estos casos la sanación es imposible. No puede lograrse porque equivaldría a dejar de lado las leyes que rigen la Creación, al cual el mismo Absoluto se somete.


El real sanador entra en un variable estado de trance, recibe la Fuerza por el chakra coronario, Fuerza que emerge por sus manos pasando al paciente. A la vez su subconsciente se armoniza con el subconsciente del paciente facilitando la acción de sanación aun a distancia. El sanador actúa sin tener conciencia del cómo actúa, solo sabe que es un intermediario de un poder superior. La Dra. Ximena Lutz, que usa esa energía señala de manera acertada que:


Somos sólo canales de energía. No somos sanadores de ningún tipo ni pretendemos serlo.


No es el sanador quien sana, es la energía que lo usa de canal la que lo hace ser intermediario de sanación.


La Una Huffines afirma una gran verdad sobre la Auto Sanación al señalar:

¡Todos somos sanadores!
La sanación es la naturaleza intrínseca del alma. Jamás subestimes el poder de tu alma de sanarte.


Para que responda el cerebro a la mente tenemos en él más de 200.000 millones de neuronas cerebrales, cada una posee entre 1.000 y 1.000.000 de conexiones lo que eleva los circuitos cerebrales a cifras enormes. A su vez cada neurona tiene una red de miles de microtúbulos que son los lugares de salto cuántico. Cada microtúbulo está formado por una única molécula hueca en cuyo interior hay un único electrón físico para el 90% de las neuronas que rigen el salto cuántico con el organismos y un electrón astral para el 10% restante, es este 10% donde están los cuánticos portales que permite que a la mente le permiten se exprese por medio del cerebro y al cerebro con la Fuerza del subconsciente mental pueda ser y actuar.



💗



https://mundomejorchile.com/380.html de Ivan Seperiza