Las doce dimensiones de la Consciencia

 


Una dimensión no es un lugar físico, sino una frecuencia de existencia, una locación interna donde se agrupan estados de consciencia similares que vibran en armonía y cumplen funciones espirituales específicas. Cada dimensión representa un nivel más elevado o más denso de percepción, donde el alma experimenta y evoluciona.


Contrario a lo que solemos pensar, el nivel dimensional en el que habitas no depende de tu educación, tu estatus económico, tu nacionalidad ni de tu historia familiar. No es algo que se mide con títulos, posesiones o prestigio social. Lo que realmente determina en qué dimensión estás viviendo es tu estado interno de consciencia, ese campo energético donde residen tus pensamientos, emociones, intenciones y vibraciones más profundas.


La dimensionalidad es un fenómeno interno relacionado con la percepción y la realidad interna. Cada dimensión, como el mundo que es, consiste en su propia forma de vida y actividad. Estas dimensiones penetran y afectan nuestra común vida tridimensional, dependiendo del grado de acceso supraconsciente que tengamos de ellas.



El lugar donde habitas no siempre es donde tu alma vibra

¿Por qué a veces dos personas, viviendo experiencias aparentemente similares, reaccionan de formas tan distintas?… ¿Por qué hay quienes florecen en medio del caos, mientras otros se marchitan rodeados de comodidades?… La respuesta está en el estado del ser. Este estado no es fortuito: es la expresión directa de tu karma, de los aprendizajes que tu alma aún necesita integrar, y también de la misión que viniste a cumplir en esta vida.




Hay quienes viven atrapados en dimensiones densas de miedo, control y repetición. Otros, en cambio, han aprendido a trascender las ilusiones del ego, accediendo a planos más sutiles de sabiduría, compasión y expansión.


Cuando accedes a las dimensiones superiores de consciencia, comprendes que nada es un accidente, que incluso las situaciones más difíciles fueron elegidas por tu alma como escenarios de evolución. Desde esa perspectiva más alta, eliges conscientemente tus experiencias, tus desafíos, incluso las personas que aparecen en tu camino. No desde la lógica humana, sino desde un nivel donde todo tiene propósito, incluso lo que duele.


Interdimensionalidad de la consciencia: lo invisible que habita en lo cotidiano


Cuando caminas por un parque, podrías pensar que todos comparten el mismo escenario, el mismo tiempo, incluso el mismo aire. Sin embargo, cada persona está habitando una dimensión distinta de consciencia, una realidad interior completamente única, donde el estado anímico, la claridad mental y la profundidad espiritual vibran en frecuencias muy diferentes.


Ese parque no es un solo lugar. Es una superposición de mundos interiores. Mientras tus ojos ven cuerpos moviéndose en el mismo espacio físico, tu alma podría captar que están existiendo en planos de realidad profundamente distintos.


El parque como metáfora viva de las dimensiones


La interdimensionalidad —ese fenómeno por el cual múltiples niveles de consciencia conviven en un mismo punto del espacio-tiempo— es aún un misterio para la psicología tradicional, pero ha sido intuido por el arte, explorado por la espiritualidad y vislumbrado por la ciencia cuántica.


Imagina un instante congelado:


  • Una pareja se abraza bajo la sombra de un árbol. En apariencia, podrían estar conectados desde los chakras más bajos, pero su unión puede elevarse a las más sutiles frecuencias del amor universal, esa fuerza vibratoria que emana luz y traspasa los velos del ego.

  • Un lector solitario se sumerge en la imaginación. Su consciencia podría estar oscilando entre la lógica tridimensional de la mente racional y los mecanismos cuánticos del pensamiento creativo, donde el tiempo se disuelve y el alma vuela.

  • Un grupo de amigos ríe mientras comparte una comida en el césped. La dimensión desde donde actúan no es solo física: es también un espacio donde la alegría, la pertenencia y la resonancia emocional crean realidades compartidas.

Y luego están los que alimentan ardillas, sin prisa ni propósito aparente. Tal vez para la mente racional estén absortos en una tarea simple, pero espiritualmente podrían estar encarnando la frecuencia elemental de la creación, donde el gesto tierno se convierte en acto sagrado y el contacto con la naturaleza es un puente hacia lo esencial. 


Lo visible es solo la superficie de lo real


Aunque no podamos observar con exactitud la dinámica interior de cada mente, la actividad física, el movimiento corporal, los gestos y las elecciones nos ofrecen pistas de qué dimensión está activándose en cada ser. Porque la consciencia se expresa de maneras sutiles, pero palpables, y cuando desarrollamos la capacidad de percibir más allá de los sentidos, descubrimos que todos habitamos realidades paralelas, incluso cuando compartimos el mismo banco, el mismo sendero, la misma luz de sol.







Mente Superior y realidad Multidimensional … El despertar de la Consciencia Expansiva


Accedemos a la mente superior cuando trascendemos las cargas emocionales de la personalidad y los sentidos, y comenzamos a percibir la vida desde un nivel causal, donde todo tiene un propósito profundo y ordenado. Esta mente superior tiene dos niveles: el primero es abstracto pero aún vinculado a la identidad personal, asociado a la cuarta, quinta, sexta y séptima dimensión. En cambio, el segundo nivel —que abarca desde la séptima hasta la doceava dimensión— trasciende el “yo” y se sumerge en los reinos espirituales de la religión viva, la metafísica y la unidad con lo divino.


Estas dimensiones no son simbólicas ni imaginarias, sino planos reales de existencia, con formas de vida, leyes y actividades propias. Aunque nuestra experiencia humana ocurre en una realidad tridimensional, participamos simultáneamente en otros niveles, incluso sin saberlo. Al ingresar conscientemente en ellos, no solo tomamos energía o sabiduría, sino que vivimos experiencias dentro de esos planos, transformándonos desde dentro. En lo profundo, todos poseemos un recuerdo velado de formas de luz, inteligencias superiores y avances tecnológicos, musicales y espirituales que pertenecen a civilizaciones más elevadas de las cuales también somos parte.


La dimensión con la que sintonizamos determina las capacidades que manifestamos en esta vida: desde el genio artístico hasta la clarividencia, desde la sanación hasta las matemáticas superiores. A través de la alquimia interior, al elevar nuestra frecuencia vibratoria, accedemos a esos planos donde residen los arquetipos del alma. Las dimensiones de la consciencia resuenan con los siete cuerpos sutiles del ser humano y con los anillos energéticos que rodean al planeta. Lo que llamamos espacio exterior, también se experimenta como espacio interior. Comprender esta unidad profunda entre el microcosmos y el macrocosmos exige un salto cuántico en nuestra forma de pensar, un regreso a la verdad que siempre ha vivido dentro de nosotros.


La mente Interdimensional … El arte de vibrar más allá del Tiempo y el Espacio


Imagina lanzar una piedra en un lago en calma. Observa cómo se expanden los círculos concéntricos desde el punto de impacto. El círculo más externo, el más grande, es el que alcanza primero la orilla, mientras que los más pequeños deben recorrer una distancia mayor. Así actúa la energía en movimiento: una danza vibratoria que revela cómo se propaga la consciencia en espirales de expansión.


A diferencia de la mente inferior, que opera en líneas rectas, lógicas y fragmentadas, la mente interdimensional se despliega en patrones circulares, tal como lo hace el sonido, la luz, el radar o el alma en su vuelo. La realidad de la mente superior es concéntrica, expansiva, resonante. Y cuando el pensamiento logra elevarse más allá del ego, y después, más allá de la identidad personal, entonces se abren los reinos sutiles de las dimensiones superiores.



Pero este acceso no es automático. Para entrar en estos dominios de consciencia más elevados, es necesario generar frecuencias más refinadas, más puras, acompañadas de intención, enfoque y sensibilidad. Algunos seres humanos nacen ya con estas puertas abiertas, como resultado de compromisos espirituales previos, adquiridos antes de esta encarnación. Su tarea es sagrada: traer información interdimensional a la realidad concreta, para elevar la frecuencia colectiva del planeta. Y hoy, más que nunca, muchos han despertado a esa misión.





El camino refleja tu esencia… Encuentra tu forma de Conexión con la Luz


El método que elijas para elevarte y conectar con el Origen revela la naturaleza de tu alma. No hay un único camino, ni una única puerta: cada ser vibra con una forma distinta de regresar a la Fuente. Lo importante no es cómo llegas, sino que lo hagas desde la autenticidad de tu vibración interna.


Si eres una persona de corazón sensible y alma devocional, tu forma más natural de conexión será a través de la oración, elevada con amor, reverencia y una profunda gratitud hacia la Luz. Tus palabras no necesitan ser perfectas; basta con que sean sinceras. Cada plegaria es una frecuencia, una espiral que asciende, y si nace del alma, llega directamente a los planos interdimensionales donde habitan los guías, maestros y seres de Luz.


Si tu espíritu se nutre del conocimiento y la lógica, puede que tu sendero sea la ciencia, el pensamiento estructurado o los sistemas mentales que expanden la comprensión del cosmos. También eso es oración: cuando la mente se abre con humildad para buscar la verdad más allá de los límites humanos, se convierte en vehículo sagrado.


Y si tu cuerpo es tu templo, si tu impulso vital es moverte, danzar, construir o servir, entonces el camino hacia la Luz puede nacer en cada gesto, en cada acto. El servicio físico, el movimiento consciente, la acción dedicada también son formas profundas de conexión espiritual. Una danza auténtica puede ser una plegaria silenciosa que eleva la vibración del mundo.


Porque la clave está siempre en la vibración. No importa el lenguaje que uses, ni la forma externa que adopte tu práctica: lo esencial es la energía que emites al hacerlo. Si tu vibración es amorosa, sincera y elevada, te conectarás inevitablemente con las dimensiones más altas del Ser. La vibración es el puente. Y tú eres la frecuencia que eliges sostener.


Dinámica Interdimensional … La arquitectura de la Luz Viva


Los planos superiores de existencia están compuestos por la sustancia más pura de Luz, una Luz que no solo brilla, sino que piensa, siente y crea. En su manifestación más elevada, esa Luz es Inteligencia pura, una consciencia vibrante que no necesita palabras para comprender, porque se expresa a sí misma como una abstracción simultánea, completa, amorosa y profundamente consciente. A medida que esa Luz desciende en vibración, adopta formas más concretas: primero como energía sutil organizada, luego como patrones, y finalmente como materia.


En los niveles más densos, como nuestra tercera dimensión, esa misma sustancia se manifiesta en forma de materia física, compuesta por elementos primarios inertes, envuelta en las leyes del espacio-tiempo. Aquí, en este plano, la vida parece fragmentada, secuencial, gobernada por causas y efectos lineales. Pero en realidad, todo proviene de un solo origen: una Luz universal que se ha condensado para darnos experiencia, forma y aprendizaje.


Estas dimensiones interdimensionales se acceden a través de nuestros siete cuerpos sutiles, y muy especialmente, mediante la activación de los chakras superiores. Cuanto más alta es nuestra frecuencia —más elevada nuestra vibración, más refinado nuestro enfoque interior—, más amplio se vuelve el plano al que accedemos. Y en consecuencia, nuestra consciencia se expande, se eleva y se libera de las limitaciones del cuerpo y del ego. Lo que antes parecía invisible o lejano, se vuelve tan real como lo tangible.


A excepción del plano físico terráqueo, todos los habitantes de los niveles superiores son Seres de Luz, que no solo poseen forma, sino que encarnan conceptos vivientes, expresiones puras de sabiduría, amor y servicio. Algunos de ellos han encarnado en la Tierra para cumplir misiones específicas, otros no lo han hecho, pero permanecen activos en esos planos, ofreciendo guía, inspiración y asistencia silenciosa. Todos ellos residen en estos niveles superiores por una sola ley: la Ley de la Atracción Vibracional. Es decir, todo ser va hacia el plano que vibra en resonancia con su frecuencia interior. Nada es impuesto; todo es afinidad energética.






La Tercera Dimensión: El Campo de Pruebas del Alma


La tercera dimensión es el plano donde actualmente habita nuestro cuerpo físico, el escenario más denso y desafiante del viaje del alma. Es aquí donde encarnamos una y otra vez, hasta alcanzar la maestría sobre los tres cuerpos inferiores: el físico, el emocional y el mental. Solo entonces estaremos listos para ascender de forma consciente hacia planos más sutiles de existencia.


Este nivel es único en todo el espectro de la creación. Aquí se manifiestan las emociones generadas por la mente humana —deseo, miedo, apego, culpa—, que no existen de la misma manera en otras dimensiones. Por eso, la tercera dimensión es conocida como el plano kármico, donde se entrelazan causas y consecuencias, aprendizajes y repeticiones. No es un castigo, sino una escuela intensiva para el alma. Cada emoción desbordada, cada sombra enfrentada, cada decisión consciente, forja la alquimia interior que nos prepara para lo superior.


La tercera dimensión es, en verdad, el campo de pruebas del espíritu. Aquí desarrollamos el carácter, el discernimiento, la voluntad. Es el gimnasio del alma, donde entrenamos la fuerza que necesitaremos para sostener la luz en dimensiones más elevadas. Cada obstáculo que enfrentamos, cada error que redimimos, es parte de un proceso sagrado de crecimiento, porque solo a través de la experiencia directa —incluso del dolor—, construimos las habilidades que utilizaremos en todos los niveles de la creación.


La Mente en la Tercera Dimensión: Fragmentación, Densidad y Aprendizaje


En la tercera dimensión, la mente se expresa en detalle y secuencia. Todo se percibe de forma lineal, fraccionada, como si la realidad estuviera hecha de partes sueltas que deben ensamblarse paso a paso para formar un todo comprensible. Es un plano de estructura, de construcción, donde cada elemento parece separado del otro. Por eso, la percepción aquí es lenta, y a menudo limitada por la ilusión de tiempo y espacio.


El entorno de esta dimensión es denso, material, y compuesto por incontables fragmentos físicos que necesitan ser organizados para volverse funcionales. Vivimos en este plano cuando nuestros pensamientos son mecánicos, repetitivos o excesivamente analíticos; cuando nos identificamos con el cuerpo, con la mortalidad, con la idea de estar aislados del Todo. Aquí es común sentirnos solos, confundidos o emocionalmente alterados, porque la mente inferior domina con su ruido constante y su apego al miedo.


Sin embargo, esta dimensión también es un aula sagrada, donde el alma aprende los fundamentos del dominio energético. Aquí comenzamos a entrenarnos en el manejo y control de la energía y la materia. Aprendemos a enfocar, a sostener intención, a crear en un mundo donde todo parece resistente al cambio. Y en esa aparente dificultad, desarrollamos la fuerza necesaria para transformar, no solo nuestro entorno, sino nuestro estado interior. Es en esta densidad donde la luz comienza a hacerse consciente de sí misma.


La Cuarta Dimensión: El Puente de Luz entre el Pensamiento y la Realidad


La cuarta dimensión es un espejo sutil de nuestra realidad física, una existencia paralela que no carga con la densidad de la materia, pero que guarda una estructura semejante a la nuestra. Es el plano donde la mente comienza a crear sin limitaciones físicas, dando forma y uso a las ideas antes de que se materialicen en la tercera dimensión. Aquí, el pensamiento no es solo pensamiento: es energía en acción, es creación inmediata.


Mientras que en la tercera dimensión avanzamos paso a paso, siguiendo secuencias y procesos lineales, en la cuarta dimensión funcionamos por unidad y visión completa. La información llega en paquetes energéticos que la mente integra y comprende de forma más global. Los objetos no son sólidos, sino fragmentos de luz que se ensamblan en nuestra percepción. Lo que aquí imaginamos, allá se manifiesta. La mente precipita en sustancia pensante todo lo que necesita.


Este plano es el origen de la manifestación. Cuando visualizamos, soñamos o ideamos algo, lo estamos extrayendo directamente de la cuarta dimensión. Allí, somos lo que pensamos, y lo que pensamos, existe. La cuarta dimensión es el lugar donde nace la visión creativa, la planificación sagrada, la alquimia mental. Todo lo que proyectamos con intención consciente aquí, puede encontrar forma en el mundo físico. Por eso, este plano es también el hogar de los visionarios, los arquitectos del alma, los que siembran en la luz para que florezca en la materia.


La Quinta Dimensión: El Hogar de la Mente Unificada y la Genialidad Espiritual


La quinta dimensión es el plano donde la mente trasciende la palabra y se expresa como un todo vibracional. Aquí, el pensamiento no es lineal ni fragmentado: es telepático, inmediato, completo. No hay necesidad de traducir una idea en lenguaje, porque las consciencias se comunican a través de la resonancia pura.


Muchos científicos, inventores y visionarios acceden naturalmente a esta dimensión, sin saberlo conscientemente. Es desde aquí que se materializan los grandes destellos de inspiración, las soluciones súbitas y las ideas completas que aparecen de forma instantánea. Cuando tienes una visión clara de una actividad terminada, cuando sabes sin saber cómo sabes, estás operando desde la quinta dimensión.


El ambiente en este plano es ultra moderno, abierto, luminoso, como si el espacio estuviera hecho de inteligencia viva. Aquí, los objetos no se construyen paso a paso: aparecen completos, concebidos desde su totalidad. Este es el plano donde la realización mental se manifiesta sin esfuerzo, donde las respuestas a problemas complejos emergen con claridad cristalina, y donde los chispazos de genialidad se convierten en caminos de creación. En la quinta dimensión, la mente y la luz son una sola fuerza al servicio del despertar.


La Sexta Dimensión: El Laboratorio Creativo de la Mente Universal


La sexta dimensión es el plano donde la mente superior procesa y refina las ideas en su forma más pura, antes de que estas puedan ser proyectadas hacia dimensiones más concretas, como la quinta. Aquí, las frecuencias mentales son tan elevadas y dinámicas que se manifiestan como un flujo incesante de creación. Es un plano de reestructuración constante, donde cada concepto es analizado, transformado y redirigido hacia su mejor versión.


La mente, en la sexta dimensión, no piensa en términos lineales ni fijos. Se expresa como un movimiento constante, como un espiral creativo en evolución continua. Las ideas no se detienen: giran, se multiplican, se refinan y se entrelazan. Este plano da lugar a una generación inagotable de posibilidades, donde cada chispa de pensamiento involucra todos los aspectos del ser mental: lógica, intuición, abstracción y visión. Es aquí donde se gestan los códigos de la creación.


El ambiente es profundamente futurista, con una estética que podría describirse como electrónica y mecánicamente avanzada, más allá de nuestra comprensión tecnológica actual. Tocamos esta dimensión cuando entramos en una vena creativa profunda, cuando exploramos alternativas mentales o damos giros radicales a nuestra forma de pensar. Es una energía eléctrica, veloz, desbordante. Muchas veces, no llegamos a entenderla de inmediato, pero dejamos que nos atraviese y nos transforme. En este nivel, accedemos a la dinámica del control mental superior, y se abren las puertas a la física cuántica, las altas matemáticas y las formas puras de pensamiento geométrico.


La Séptima Dimensión: El Centro de Sabiduría Cósmica y Conexión Galáctica


Comprender la naturaleza de la séptima dimensión es esencial para quienes transitan el camino de la alquimia interior. En este plano vibracionalmente elevado, se encuentra el campo de acción del Ser Superior, el lugar donde reside y se fortalece el Cuerpo Mental Superior Crístico, y desde donde fluye la sabiduría hacia los planos más densos del ser.


Este nivel sostiene la memoria universal. Es aquí donde se almacenan los registros akáshicos, las impresiones energéticas de toda experiencia vivida por cada alma, cada espíritu individual y cada acontecimiento ocurrido en el planeta. No es solo un plano espiritual; también es profundamente personal, porque guarda el mapa vibratorio de tu viaje a través del tiempo y del espacio. Es el puente entre la mente inferior y la superior, entre el yo limitado y el Yo divino.


La séptima dimensión actúa como un nodo central de información interplanetaria y espiritual. Puede entenderse como la capital galáctica del planeta, una estación de intercambio donde convergen canales de comunicación, transporte y sabiduría entre mundos. En este plano se ubican vastos centros de conocimiento, archivos cósmicos y plataformas de aeronaves de alta consciencia. Es también una escuela filosófica universal, donde se investigan los grandes propósitos de la creación, la existencia del alma y los caminos del despertar.


En este nivel existen las imágenes puras de perfección que, en planos inferiores, tratamos de emular. Aquí no se busca la verdad; la verdad es. Este plano está entre dos mundos: por debajo se encuentra la mente aplicada y la experiencia individualizada; por encima, la vida espiritual más abstracta y luminosa. Incluso los seres que vibran en la doceava dimensión deben canalizar su influencia a través del séptimo plano para alcanzarnos.


La mente, en esta dimensión, se expresa a través del símbolo, la enseñanza arquetípica, el mito y la fábula. Es una consciencia que comunica no solo ideas, sino sabiduría vivida y perfección intemporal. Y nos conectamos con este plano cada vez que exploramos el propósito profundo de nuestra existencia, cada vez que nos sumergimos en la filosofía, la psicología del alma o la contemplación espiritual.


En la séptima dimensión, la Sabiduría no se piensa: se experimenta. Y desde esa experiencia, se ilumina el camino para todo lo que somos, hemos sido y aún seremos.


La Octava Dimensión: El Taller Cósmico de la Creación Abstracta


La octava dimensión es un espacio vibracional de transición, donde las grandes ideas nacidas en planos superiores comienzan a adquirir una dirección personal. Aunque su naturaleza sigue siendo altamente abstracta, en este nivel los conceptos universales se aproximan a una forma que puede ser entendida, aplicada y modelada más adelante. Es el momento en que lo infinito empieza a volverse moldeable, sin perder su esencia.


Este plano actúa como una especie de laboratorio cósmico, en el que las ideas se ensayan antes de descender a dimensiones como la sexta o la quinta, donde ya se transforman en patrones útiles, estructuras mentales y aplicaciones concretas. La mente aquí se expresa como un impulso de individualización, como si deseara tomar cuerpo, sin abandonar del todo su conexión con la totalidad. Es un punto de gestación: el escultor frente al bloque de mármol, viendo en su interior la obra terminada, aunque aún no haya comenzado a tallarla.


La sensación predominante en la octava dimensión es la de haber alcanzado algo, sin poder explicarlo completamente. Es ese momento sutil en que sentimos que una comprensión profunda se acerca, pero aún no se revela con palabras. Esta es la dimensión donde surge una percepción tecnológica intuitiva, donde accedemos a ideas estructurales, fórmulas, diseños o innovaciones sin haberlas razonado. Todo parece surgir desde una conexión directa con la inteligencia universal.


El ambiente en este plano es eléctrico, dinámico y fértil. Se respira movimiento, amplitud, posibilidades aún no desplegadas. Nos encontramos aquí cuando estamos en plena efervescencia creativa, cuando sentimos que una solución, una idea o un nuevo camino está en ciernes. En la octava dimensión, no creamos desde la mente lógica, sino desde un tipo de intuición activa, vibrante, que nos impulsa a dar forma a lo que aún no existe. Y aunque el lenguaje humano no pueda siempre describir lo que allí se percibe, el alma reconoce en este plano un estado de poder silencioso, una fase pura de creación que antecede a toda manifestación.


La Novena Dimensión: El Reino de la Probabilidad y los Sistemas Universales


La novena dimensión representa un nivel de consciencia profundamente abstracto, donde la mente ya no se limita a crear ideas, sino que las pone en acción como sistemas complejos y globales. Para nosotros, este plano es conocido como el reino de la probabilidad, donde se exploran no solo lo que es, sino todo lo que podría llegar a ser.


Aquí opera una inteligencia que combina intuición elevada con precisión científica. Es el plano de la investigación ultra-abstracta, donde se gestan nuevas formas de comprender el universo desde una visión holística, matemática y energética a la vez. La mente, en esta dimensión, no razona ni imagina como lo haría en planos inferiores: construye arquitecturas invisibles, patrones de funcionamiento universal que conectan disciplinas, niveles y realidades aparentemente separadas.


El ambiente en la novena dimensión se percibe como una compilación avanzada de tecnologías de luz, una red vibrante de comunicaciones interdimensionales, estructuras electrónicas y sistemas mecánicos que operan como extensiones conscientes de la inteligencia universal. Es un plano donde todo está interconectado, y donde la información fluye como pulsos vivos de energía.


Cuando entramos en contacto con esta dimensión, adquirimos una comprensión superior de los sistemas, sus principios y su universalidad. Es aquí donde aparecen las respuestas sobre el “cómo”: cómo organizar, cómo manifestar, cómo armonizar distintas partes dentro de un todo coherente. Estás vibrando en la novena dimensión cuando comprendes algo complejo de forma inmediata, cuando ves conexiones donde antes solo había caos, cuando percibes una claridad estructural que revela el propósito oculto tras lo aparentemente disperso.


De la Décima a la Doceava Dimensión: El Retorno a la Fuente


Las dimensiones superiores de la consciencia, desde la décima hasta la doceava, constituyen una unidad sagrada que trasciende todo intento de comprensión lógica. Son planos tan elevados, tan sutiles y abstractos, que solo pueden ser experimentados desde el silencio interior, más allá del pensamiento. Para acceder a ellos, debemos disolver nuestras estructuras mentales y abrirnos a una percepción directa, sin juicio. Aquí no se piensa: se es.


Tradicionalmente asociadas a estados místicos, de iluminación o de fusión con lo divino, estas dimensiones no son exclusivas de los grandes maestros o iniciados. Todos podemos tocarlas, al menos por momentos, cuando nuestra vibración se eleva lo suficiente. Desde estos planos superiores, nos llegan cualidades de inteligencia universal, impulsos creativos, inspiración profunda y memorias de lo que siempre hemos sido.


La Décima Dimensión: El Orden Silencioso de la Naturaleza


En este plano reina el silencio creador, ese espacio fértil donde todo está en potencia, pero aún no ha tomado forma. Es el reino de la posibilidad pura, donde la naturaleza comienza a gestarse como una fuerza viva, no manifestada. Aquí se origina el diseño energético de todo lo que puede llegar a ser. Se siente como una calma total, como si el universo respirara en quietud.


La Onceava Dimensión: Unidad y Hermandad Cósmica


Desde la calma vibrante de la décima, surge el pulso creador. En este plano, la luz se descompone en colores, el sonido en música y la inteligencia en conceptos. Aquí nace la verdadera universalidad. Es el plano de la hermandad espiritual, donde se percibe con claridad que todo está conectado, que la separación es solo una ilusión temporal. Esta dimensión impulsa los movimientos de consciencia global, y muchas de las ideas que inspiran hoy a la humanidad —como la cooperación, la ecología sagrada, la compasión— emergen desde este nivel.


La Doceava Dimensión: El Ser Divino Interior


La dimensión más alta en esta escala es la doceava, el plano donde se manifiesta nuestro Dios Interior, esa chispa de luz original que nos habita desde el principio. Aquí, la consciencia se vuelve fuerza vital, puro impulso creador. La mente ya no actúa ni razona, simplemente vibra en perfección.


Este plano contiene la frecuencia sagrada que cada alma lleva dentro, la nota única que fue impresa en nosotros desde el Gran Sol Central. Los Seres de Espíritu que habitan aquí no son entes separados, sino guardianes de la vibración original, y acompañan nuestro viaje desde el umbral más puro de la creación. Si imaginamos los anillos concéntricos en un lago, este sería el círculo más grande, más expandido, y a la vez, el más cercano al centro del espíritu. Desde aquí nace la energía que impulsa todo viaje, todo despertar, toda transformación.


Conclusión: El Viaje del Alma a Través de las Dimensiones de la Consciencia


Cada una de las doce dimensiones de la consciencia representa un peldaño en el viaje del alma, un nivel de aprendizaje, integración y expansión. No son lugares lejanos, sino estados del ser que coexisten en nosotros, y a los que accedemos según la vibración que sostenemos. Desde la densidad emocional de la tercera dimensión hasta el resplandor del Ser Divino en la doceava, cada plano guarda una llave que nos conduce más cerca de nuestra esencia original.


La tercera dimensión es nuestra escuela física, donde aprendemos desde la experiencia directa. La cuarta abre el campo de la visualización, la imaginación creativa. La quinta nos conecta con la mente unificada y los destellos de genialidad. En la sexta nacen los patrones de pensamiento elevados y la tecnología intuitiva. La séptima dimensión nos ofrece acceso a la sabiduría del alma, los registros akáshicos y la actividad intergaláctica.


A partir de la octava, el alma se sumerge en niveles aún más sutiles. Allí la creación ocurre sin forma, pero con dirección. La novena introduce la comprensión de los sistemas universales. En la décima, accedemos al campo de las posibilidades puras. En la onceava, todo vibra en unidad: luz, sonido, pensamiento y propósito se alinean. Y finalmente, en la doceava dimensión, la consciencia se funde con el Origen, en una frecuencia de sabiduría, creación y perfección absoluta.


Este mapa no es lineal. Es concéntrico, como las ondas en el agua cuando una intención nace desde el alma. Cada dimensión no es una meta, sino un reflejo de lo que ya somos en nuestro estado más completo. No se trata de escapar del mundo físico, sino de vivirlo desde un nivel superior de comprensión.


Recordar quiénes somos es recorrer estas dimensiones con presencia, humildad y propósito. Es alinear nuestros cuerpos, activar nuestros centros, refinar nuestras emociones, iluminar nuestros pensamientos y abrirnos a la vastedad que nos habita. Porque en lo profundo, no somos solo humanos en busca del espíritu… somos espíritus que han elegido recordar, encarnados en el milagro de la consciencia.







extraído https://www.shurya.com/las-doce-dimensiones-de-la-consciencia/

















COMPRENDER LA VERDADERA NATURALEZA DE SU MENTE Y DE SU CUERPO de DEEPAK CHOPRA

 




Libro PESO PERFECTO de DEEPAK CHOPRA


Estamos demasiado preocupados por el problema del sobrepeso. En mi opinión, en algunos casos se justifica y en otros, no. Pero aunque una persona esté justificadamente preocupada por el peso, a menudo adopta medidas ineficaces y hasta peligrosas para su salud. A menudo hemos tenido noticias de esta confusión en relación con las dietas de choque, los ejercicios extenuantes y las perturbaciones relacionadas con la comida como la anorexia y la bulimia. El tema del control de peso se convirtió en un enredo de evidencias contradictorias y en un cambio permanente de indicaciones que nos dejaron confundidos y, quizás, algo pesimistas con respecto a las posibilidades de cambios positivos.


Uno de los objetivos principales del libro es simplificar lo relativo al control de peso para que usted  pueda adoptar decisiones inteligentes acerca de cómo lograr el peso deseado o cómo sentirse mejor con el que tiene. Para empezar, veamos algunas de las duras verdades que surgieron de la preocupación por los kilos de más.


Primero, la dieta considerada en el sentido tradicional de restringir la ingesta de alimentos casi siempre da resultado a corto plazo y casi nunca a largo plazo. Puede elegir cualquiera de los numerosos planes dietéticos accesibles en el mercado, atenerse a él unos meses y adelgazar. Pero esos kilos y tal vez algunos más volverán después de un tiempo. Esta experiencia la han vivido casi todos aquellos que han hecho dieta con seriedad.


Segundo, así como hay riesgos reales para la salud en el sobrepeso, también los hay en la pérdida de peso y el más peligroso es el efecto yo-yo que provocan las dietas. Existen evidencias comprobadas de que los ascensos y descensos importantes de peso tienen riesgos importantes para la salud. En un estudio, hombres que habían bajado más de cinco kilos en una década tenían una tasa de mortalidad mucho mayor que los que mantenían un peso estable. Y aunque no se individualizó ningún alimento en la investigación de los hábitos alimentarios de personas muy longevas al que pueda atribuirse esa longevidad, existe la evidencia de que esas personas sin duda mantienen un peso constante a lo largo de sus vidas adultas.


Por último, habría que reflexionar con suma seriedad sobre los efectos emocionales del control de peso. Creo que nos puede ayudar un notable estudio realizado en Finlandia, donde los ataques cardíacos se dan en un promedio que está entre los más altos del mundo. Mil doscientos ejecutivos de negocios con alto riesgo de enfermedades cardíacas por obesidad, hipertensión, colesterol elevado o tabaquismo fueron invitados a seguir un régimen estricto de dieta baja en grasas.


Entretanto, se permitió que otro grupo de individuos de alto riesgo hiciera lo que quisiese. Por  asombroso que parezca, los promedios de mortalidad fueron mucho más elevados en el grupo sobre el que se ejerció un control estricto. La única explicación consiste en que la tensión y la angustia  provocadas por tener que seguir un estilo de vida poco familiar, "saludable", destruían por completo cualquier beneficio que pudiese tener ese estilo de vida de por sí.


Cómo ve, el peso y la salud son temas más complejos que consumir menos calorías o pasar de la manteca a la margarina. A menos que haya obesidad clínica, definida como un 25% de peso por encima del considerado normal para esa altura, lo que conviene tener en cuenta es un tema más subjetivo que ha sido ampliamente reconocido. Quizá, lo más importante debería ser la capacidad de sentir control sobre el propio cuerpo. Si siente que el peso es algo accidental, tal como una pierna rota, está justificado en cambiar. Si, por otra parte, se siente cómodo con sus proporciones actuales (y no es obeso), no debe permitir que la opinión de nadie desplace a la suya propia. En síntesis, tal vez ya haya conseguido usted el peso ideal. Pero si no es así, esta obra le enseñará cómo identificar esa meta ideal, cómo lograrlo sin tensión emocional ni dolor físico, y cómo mantenerlo en el futuro.


Examinemos por un momento los hechos históricos que conducen a la obsesión actual por tener un  cuerpo perfecto.


En 1876, cien años después de la firma de la Declaración de la Independencia, se consideraba normal que el jefe de una familia norteamericana de clase media tomara un "buen" desayuno. Esto incluía carne vacuna, tocino y huevos, papas/patatas fritas, tortitas, salchichas, gachas, rosquillas y fruta... todo de una "sentada".


Parece excesivo, ¿no? Aunque fuese el consumo de todo el día, estaría en contradicción con la mayoría de las recomendaciones actuales acerca de la dieta. ¡Como única comida es un signo de glotonería!


Pero consideremos esto: después de ingerir semejante desayuno, lo más probable era que el sujeto tuviese que afrontar una jornada de trabajo de entre doce y catorce horas en una granja o en alguna fábrica de la industria pesada como una acería o los ferrocarriles. Más aún, los patrones para juzgar una apariencia atractiva y saludable eran muy diferentes. En una época en que estaba muy difundido el rostro demacrado de los tuberculosos, en especial entre los pobres, la grasa era señal de prosperidad económica y bienestar físico. Hace cien años, se admiraba a muchas personas con demasiado sobrepeso, por lo menos según los criterios actuales. Un ejemplo sería William Howard Taft, que en los primeros años del siglo XX fue presidente de Estados Unidos y también presidente de la Corte Suprema de Justicia; pesaba más de 136 kilogramos, y a menudo tenían que ayudarlo a salir de la bañera.


Pero ya en el siglo XIX se oían voces que condenaban la forma extravagante de comer y los efectos sobre el cuerpo. Las compañías cerealeras fueron pioneras como proveedoras de comida sana. El trigo triturado fue inventado en 1892 por un vegetariano de Denver, Henry Perky.


Todavía vemos actitudes competitivas hacia la comida y el peso, y tal vez más fuertes que nunca. Pero se han producido cambios importantes que hacen la lucha más intensa aún. Por un lado, los refrigeradores se hicieron accesibles al público en la época cercana a la primera guerra mundial, y con ellos ciertos elementos perecederos como la manteca, la nata y hasta los helados... por no hablar de innovaciones más recientes como las bebidas sin alcohol, el jarabe de chocolate y los alimentos congelados con alta proporción de grasas. Entretanto, la vida cotidiana se hizo más fácil, por lo menos en lo que se refiere al trabajo físico. El enorme esfuerzo que significaba preparar un desayuno de costillas y huevos fue reemplazado por teclear la computadora y levantar el teléfono.


A comienzos del siglo XX, se invertía buena parte del trabajo que requería enorme cantidad de energías en producir mercaderías y servicios para la sociedad. Hoy en día, cuando la producción no requiere casi nada de trabajo físico y tenemos acceso inmediato a una amplia gama de alimentos muy tentadores pero que engordan mucho, existe un número mayor de personas que cumplen los patrones médicos de obesidad. Pero como esa comida acarrea una culpa tremenda, también se han extendido los esfuerzos para cambiar (aunque a menudo son inútiles). Las investigaciones demuestran que en cualquier año, la mitad de la población de Norteamérica inicia una dieta para reducir de peso; hay aproximadamente 50 millones de personas haciendo dieta en cualquier momento; un 75 por ciento de las mujeres norteamericanas creen que tienen que adelgazar: los ciudadanos americanos gastan más de 30 billones de dólares en sus esfuerzos por bajar de peso o, por lo menos, para prevenir el aumento. Aun así, la mujer promedio actual pesa entre dos y tres kilos más que hace veinte años, y el peso en general de los norteamericanos está ascendiendo.


¿A qué se debe ese comportamiento contradictorio? ¿Por qué la gente engorda, a veces hasta amenazar su salud, y a pesar de los intentos para cambiar? ¿Por qué fallan el 98 por ciento de los programas para bajar de peso? Para responder a estas preguntas es necesario comprender ciertos conceptos notables acerca del cuerpo y de cómo funciona.


Quiero presentarle el concepto de cuerpo/mente mecánico cuántico. Una vez que haya entendido el verdadero carácter del cuerpo y de la mente, que los vea cómo son en realidad, bastará con este 

conocimiento para causar un efecto asombroso sobre su comportamiento en lo referido al peso. En verdad, puede tener un efecto importante sobre el modo que usted tiene de concebir la vida como un todo.


El concepto del cuerpo humano que tiene la mayoría de nosotros en realidad se basa en una superstición: la superstición del materialismo.


Al decir materialismo, me refiero a la idea de que la apariencia de algo determina cómo es en verdad. Por supuesto, hasta cierto punto hace falta ser materialista en la vida cotidiana. Pero en sentido básico, no expresa lo que sabemos de la verdadera naturaleza de la realidad. Algunos aspectos de esto son muy evidentes: la Tierra parece plana pero sabemos que es redonda; nos parece que la tierra sobre la que estamos parados está inmóvil y sin embargo sabemos que gira a velocidades vertiginosas mientras recorre el espacio a miles de kilómetros por hora. Como verá enseguida, otros ejemplos de los límites del materialismo son más sutiles, pero en esencia es lo mismo. No podemos confiar del todo en nuestros sentidos.


Aunque éstos nos indiquen que el cuerpo es una estructura anatómica sólida, congelada, fija en el espacio y el tiempo, no es así. La verdad es que nuestro cuerpo es un río de inteligencia, información y energía que se renueva constantemente a cada segundo de la existencia. Del mismo modo que no se puede bañar en el mismo río dos veces, tampoco puede habitar la misma carne ni por una fracción de segundo, porque a cada instante crea, literalmente, un cuerpo nuevo.


Se cambia el cuerpo con menos esfuerzo, de manera más espontánea y más expedita que cuando se cambia de ropa. De hecho, en este mismo instante, en este mismo segundo, el cuerpo con el que lee este libro no es el mismo que cuando empezó, hace unos minutos.


En el Ayurveda (palabra sánscrita que significa "la ciencia de la vida"), el sistema de la medicina india tradicional en que se basa esta obra, el cuerpo humano se define como una fluctuación de energía e información en un campo más grande de energía e información. El cuerpo no es tanto una "cosa" como un proceso. Así, no nos concentraremos en las moléculas que conforman el cuerpo sino en el funcionamiento, los cambios, el fluir, de esos procesos que lo constituyen. Desde luego, para nuestros propósitos actuales, las funciones más importantes son la comida, la respiración, la digestión, el metabolismo, la eliminación, y una actividad muy importante que se conoce como el movimiento de la conciencia, que en realidad es la base de todas las demás.


Tomemos un ejemplo: el acto de respirar. Con cada respiración, se inhalan 1022 átomos del universo. Este volumen astronómico de materia prima penetra en su cuerpo desde el medio ambiente y se transforma rápidamente en las células del corazón, los huesos, riñones e hígado. Por consiguiente, con cada exhalación, se liberan la misma cantidad de átomos de cada parte del cuerpo. En sentido literal, se exhalan trocitos y piezas del corazón y los riñones.


Desde un punto de vista técnico, compartimos nuestros órganos con otras personas todo el tiempo, y no sólo con nuestros contemporáneos sino con todos los que han vivido. Según cómputos matemáticos de isótopos radiactivos, puede demostrarse sin sombra de duda que en este mismo instante, en su cuerpo físico, tiene millones de átomos que una vez estuvieron en el cuerpo de Jesús, de Buda, de Gengis Khan o de Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. En las últimas tres semanas, un cuatrillón de átomos —un 10 seguido de quince ceros— ha pasado a través de su cuerpo y también lo ha hecho por los de todos los seres vivientes de este planeta.


En menos de un año, el 98 por ciento de los átomos del cuerpo cambian por completo. Esto incluye los de ADN, que conservan la memoria de millones de años de evolución. La materia prima del ADN —carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno— viene y va cada seis semanas, como las aves migratorias.


En síntesis, de manera literal cambiar el cuerpo requiere tan poco esfuerzo como cambiarse de ropa, y un número casi infinito de átomos van y vienen en un parpadeo. El poeta Walt Whitman escribió: "Cada átomo que te pertenece también me pertenece". Tal vez lo haya pensado como una metáfora, pero es la verdad.




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Auto Sanación Cuántica





Dedicatoria


Amigas, Amigos:

No se podía dijo la ciencia
Se puede dijo el Instinto
Será dijo la Mente
Inténtalo por ti mismo
Y lo verás...


Desde hace años he postulado que la Sanación de una enfermedad la desencadena todo aquello que le hace creer al subconsciente que se podrá ese mal sanar. Si se tiene una Actitud Mental favorable u optimista frente a un mal y se refuerza la acción del Pensamiento Positivo, que es un acto consciente, el subconsciente acepta como válido, en la medida de la fe y reiteración, canalizar desde el plano Astral superior la natural fuerza de armonía y sanación hacia el cerebro y por su intermedio al órgano afectado.

Reforzando ese aserto, sobre la base de la Ciencia de la Mente he dicho que:


Si tu sientes que no eres capaz, eso lo acepta tu subconsciente para que así sea. Si con convicción piensas que eres capaz y lo haces de manera reiterada así el subconsciente verá cómo materializarlo movilizándose más allá del tiempo y el espacio para que logres ese justo anhelo. La realidad es que al tener una media diaria del 70% con pensamientos basura estamos mal programados y bloqueamos lo sutil en nosotros. Sin embargo nadie nos puede impedir que podamos revertir esa negativa polaridad realizando lo que llamo la personal REPROGRAMACIÓN mental que es el núcleo fundamental de la Ciencia de la Mente y esto hacerlo, por ejemplo, para el logro de un mejor estado de salud.


REPROGRAMAR LA MENTE es fundamental para la Auto Sanación, significa revertir la polaridad mental orientándola hacia lo positivo. Significa activar las sutiles partículas de la mente que son las que dan lugar al PENSAMIENTO POSITIVO (PP). Pensar más a diario en Positivo conlleva a tener una Actitud Mental Positiva (AMP) frente a los problemas del diario vivir. La Actitud es fundamental para lo bien que el anhelo lo puedas hacer. PP + AMP dan lugar a una serie de cuánticos cuasi “Milagros” individuales que se caracterizan por:


1.- Sutilización de la mente consciente elaboradora de los pensamientos al ser anuladas partículas densas propias del pensamiento basura transmutadas hacia partículas sutiles propias del Mejor Pensar. Creación de Módulos para archivar el Mejor Pensamiento, módulos que debilitan a los preexistentes destinados al pensar basura. En la mente no pueden estar a la vez dos pensamientos antagónicos, ello permite debilitar y anular el mal pensar al anteponerle de inmediato su opuesto Pensamiento Positivo.


2.- Similar Sutilización sucede en la mente subconsciente por la acción del Buen Pensar. Ello hace al subconsciente actuar como mejor transmisor y transformador de la Fuerza que recibe desde el alma y el plano Astral, Fuerza que a diario y cada instante el subconsciente nos hace llegar para poder vivir y que nuestros justos anhelos mentales conscientes sean realidad.


3.- La mente consciente con la fuerza de cada PP + AMP y la mayor acción del subconsciente sutilizado actúa sobre el cerebro dando lugar a una REINGENIERÍA CEREBRAL, en donde tenemos un cerebro que a lo más trabaja al 10% en su función cuántico cerebro-mente, por lo tanto la acción mental no supera el 10% ya que la mente se expresa según la capacidad cuántico cerebro mental que se tenga. El “Milagro” del PP + AMP está en que por la Fuerza Mental de la aparente nada surge nueva y mejor materia que desarrolla el cerebro, se movilizan átomos y moléculas, aumenta el número de neuroglias, se modifican células; nuevas neuronas son habilitadas para el salto cuántico con la mente, el Hemisferio Cerebral Izquierdo trabaja en su ritmo beta ideal de 15 ciclos por segundo, a su vez el Hemisferio Cerebral Derecho trabaja en su ritmo alfa ideal de 10 ciclos por segundo, lo que permite una mayor expresión mental que da lugar a un círculo virtuoso caracterizado por:


La mejor programación mental permite un mayor desarrollo cuántico y biológico cerebral: Por mayor desarrollo cuántico cerebral hay una mayor expresión mental que a su vez estimula al desarrollo cerebral que… en un proceso en ascendente espiral de sutilización mental y desarrollo cerebral.


4.- Además tenemos que la Fuerza del Mejor Pensar llega a cada célula del cuerpo, lo que permite aportar Armonía y Sanación al organismo.


5.- Un último “Milagro” del PP + AMP lo vemos en el genoma del núcleo de cada célula donde ocurre una favorable mutación por la que, genes humanos primitivos son transmutados a genes sutiles.


La Actitud Mental es fundamental en la vida y esta actitud mental es el reflejo de la media diaria de pensamiento que uno tiene. Tanto así que la Ciencia de la Mente en uno de sus postulados básicos afirma que:


Se es el resultado de lo que se ha pensado Se será el fruto de lo que desde ahora se piense


La Auto Sanación Cuántica lo será si uno, desde ahora, logra considerar y poner en práctica el don de activar de manera consciente al subconsciente para que éste, más allá del tiempo y del espacio, en el plano Astral sutil contacte con afines subconscientes y Seres de Luz y reciba la Fuerza-Energía-Luz (FEL) para canalizarla al consciente mental y el cerebro haciendo real el anhelo de Auto Sanación o el anhelo de seguir Sano... ¿Cómo lograrlo? Por la metodología de interiorización dinámica visualizada que expondré más adelante.


Al hablar de Auto Sanación lo hago convencido que todos podemos realizarlo de alguna manera en uno mismo. Diferente es la situación con la del real Sanador que ayuda a otras personas, él tiene un don, el de servir de intermediario cual sanador. De 1.000 personas consideradas como sanadores dudo haya 1 a 10 que realmente lo sean. Horacio Velmont afirma:


No es sanación la que se produce por sugestión, porque solamente se trata de un efecto placebo. La “curación” por sugestión no ataca la raíz del problema y la enfermedad sigue ahí recrudeciendo más tarde. El verdadero sanador sana a través de la energía de Luz, la energía Cósmica o del Absoluto. Esa energía no la emite él sino que pasa a través de él hacia el aura desarmonizada del paciente, que de inmediato queda armonizada. La sanación no sólo depende del sanador sino también del karma del paciente. Muchas veces es el propio paciente el que elige padecer determinada enfermedad, antes de encarnar, para aprender determinada lección y así revertir su karma y evolucionar, es decir ascender de plano. Cuando la vibración áurica vibra de una manera armoniosa causa que las células deterioradas sanen. Cuando el aura está desarmonizada transmite una radiación negativa y entonces las células enferman. Pero no en todos los casos la sanación se puede lograr. Por ejemplo, cuando en un organismo físico hay algunas neuronas muy deterioradas y la persona tiene un desfasaje cerebral que hace que no haya madurado cerebralmente, o que tenga alguna disfunción motriz por culpa del cerebro, en estos casos la sanación es imposible. No puede lograrse porque equivaldría a dejar de lado las leyes que rigen la Creación, al cual el mismo Absoluto se somete.


El real sanador entra en un variable estado de trance, recibe la Fuerza por el chakra coronario, Fuerza que emerge por sus manos pasando al paciente. A la vez su subconsciente se armoniza con el subconsciente del paciente facilitando la acción de sanación aun a distancia. El sanador actúa sin tener conciencia del cómo actúa, solo sabe que es un intermediario de un poder superior. La Dra. Ximena Lutz, que usa esa energía señala de manera acertada que:


Somos sólo canales de energía. No somos sanadores de ningún tipo ni pretendemos serlo.


No es el sanador quien sana, es la energía que lo usa de canal la que lo hace ser intermediario de sanación.


La Una Huffines afirma una gran verdad sobre la Auto Sanación al señalar:

¡Todos somos sanadores!
La sanación es la naturaleza intrínseca del alma. Jamás subestimes el poder de tu alma de sanarte.


Para que responda el cerebro a la mente tenemos en él más de 200.000 millones de neuronas cerebrales, cada una posee entre 1.000 y 1.000.000 de conexiones lo que eleva los circuitos cerebrales a cifras enormes. A su vez cada neurona tiene una red de miles de microtúbulos que son los lugares de salto cuántico. Cada microtúbulo está formado por una única molécula hueca en cuyo interior hay un único electrón físico para el 90% de las neuronas que rigen el salto cuántico con el organismos y un electrón astral para el 10% restante, es este 10% donde están los cuánticos portales que permite que a la mente le permiten se exprese por medio del cerebro y al cerebro con la Fuerza del subconsciente mental pueda ser y actuar.



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https://mundomejorchile.com/380.html de Ivan Seperiza







CUANDO CIERRO LOS OJOS … EL DESPERTAR INTERIOR DEL ALMA

 





Cuando cierro los ojos, el mundo exterior se desvanece y surge el milagro del silencio. Un silencio que no es ausencia, sino presencia. Una presencia que lo llena todo con su verdad, con su profundidad… con su inmensidad invisible.


Al cerrar los ojos, mi universo interior se despliega como un abanico sagrado. El tiempo se disuelve como arena entre los dedos, y con él desaparecen los límites. Entonces, contemplo lo que los ojos no pueden ver: la vastedad de lo eterno y el murmullo de lo que siempre ha estado allí, esperándome.


En ese instante sagrado, la mente se aquieta. El bullicio cede paso a la paz, y se transforma en un lago sereno de aguas cristalinas. Ya no hay pensamientos que agiten su superficie. Solo un espejo donde todo puede reflejarse: emociones, memorias, intuiciones… todo encuentra su lugar y su forma en ese espejo interno.


Cuando cierro los ojos, comienzo a ver de verdad. No con los sentidos del cuerpo, sino con los del alma. Una visión integradora, profunda y amorosa me invade. Mi respiración se vuelve tenue, como un suspiro del universo. Y el silencio se convierte en templo, en cuna, en abrazo. No viene de fuera. Brota desde mí. Porque siempre estuvo en mí.


Entonces, mi corazón se abre como una flor bajo la luz de la mañana. Un verde esmeralda lo inunda todo, y me atraviesa la certeza de que lo invisible es más real que cualquier forma. Percibo el alma en cada latido. Y el alma me percibe a mí.


Me convierto en crisálida. Me retiro del mundo como la oruga que deja atrás la tierra para recogerse en sí misma. Y en ese recogimiento, en ese silencio fecundo, algo en mí se transforma. No es muerte, es renacimiento. Y de ese renacer emergen alas, alas multicolores que no sabían que estaban ahí, esperando su momento.


Y vuelo. Pero no es un vuelo físico, ni siquiera mental. Es un vuelo del espíritu. Me baño en la luz de lo que soy, en la fragancia sutil de mi esencia. Me acerco al sol que siempre ha brillado en mi centro, en la pureza invisible del aire que me sostiene. En el amor sin forma que anima mis alas. Y así, en este vuelo sin rumbo y en este camino sin mapa, resplandezco. Porque he vuelto a mí.



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de https://www.shurya.com/cuando-cierro-los-ojos/






LA LLLAVE DE LA REALIZACIÓN DEL SER - SRI SIDDHARAMESHWAR MAHARAJ










LA VERDADERA FELICIDAD



En este mundo, toda criatura viva, humana o animal, se esfuerza en encontrar la felicidad, pero esto no es más que un remedio a la miseria y al sufrimiento, y aunque el hombre sea la única criatura capaz de discriminar el bien del mal, ignora lo que es la verdadera felicidad.


El ciervo que, víctima de un espejismo, ha corrido todo el día para encontrar agua, se siente infeliz cuando se pone el sol. De igual forma, el hombre lucha toda su vida por conseguir una felicidad ilusoria antes de morir con sufrimiento. Todos los seres humanos creen poder alcanzar la felicidad gracias a personas o a objetos exteriores, pero es en vano. Un perro, por ejemplo, puede obstinarse con un hueso, hasta el punto de hacerse sangre en las encías, pero, por lo menos, quedará satisfecho del gusto de su propia sangre. Es totalmente imposible alcanzar la felicidad por medio de personas o de objetos exteriores, y el mismo hecho de buscarla en el exterior, nos demuestra claramente que no es la verdadera felicidad.


¿Por qué buscar en el exterior lo que está en nosotros? “La felicidad se encuentra en el interior de sí mismo”, yo lo he comprendido gracias a mi maestro Sri Siddharameshwar Maharaj, el más gran sabio, poco conocido, de nuestro tiempo. El siempre deseó que los hombres fueran felices, pero él no enseñó más que a los que se consagraban a él, pues nunca buscó la celebridad. La presencia del Ser es la única felicidad y alegría auténtica que brota del interior.


Me inclinaré ante mi maestro mientras viva y por su gracia, me permito decir que mostraré el camino a todos los que deseen alcanzar este conocimiento.

Ranjit Maharaj



PREFACIO

SHri Samartha Siddharameshwar Maharaj nació en agosto del 1888 en Pathri, un pueblecito del distrito de Sholapur, en la India. Seis días antes de su nacimiento, el sabio Siddheshwar visitó en sueños a su abuela, a la que le anunció que el niño era su reencarnación. Le pidió que llamara al niño Siddheshwar y le declaró que un día este niño llegaría a ser un gran sabio. Así pues fue llamado “Sidharamappa”, conocido más tarde bajo el nombre de “Siddharameshwar Maharaj”.

 

Desde su infancia, fue un niño de espíritu muy vivo y dotado de una gran capacidad de comprensión. Abandona muy pronto los pupitres de la escuela para hacerse contable, a pesar de su juventud (16 años), de una empresa de Bijapur, que pertenecía a la comunidad de los Marwadi. Su trabajo honesto y su sentido de la responsabilidad le hicieron ganar una buena reputación. Se instaló en Bijapur donde encuentra a su maestro, Shrî Bhausaheb Maharaj, el cual había comenzado en 1885 la construcción de un monasterio en el pueblo de Inchgiri (estado de Karnataka).

 

De acuerdo con el estilo de vida y las capacidades de comprensión de sus contemporáneos, Shrî Bhausaheb Maharaj no enseñaba a sus discípulos más que un solo método para alcanzar la Realidad última: la meditación. En la filosofía hindú, la meditación se llama “pilipika marg” o “camino de la hormiga”, ya que es un largo camino que conduce a la Realidad suprema.

 

Después de la muerte de Shrî Bhausaheb Maharaj en 1914, Shrî Siddharameshwar Maharaj meditó sobre la enseñanza de su maestro. En 1918 renunció al mundo y se une a cuatro condiscípulos para transmitirlas enseñanzas de su maestro. En 1920 siente que se podía superar la fase de la meditación, ya que esta no era más que un primer paso en el camino de la Realidad. Sus condiscípulos le mostraron su desacuerdo, afirmando que Shrî Bhausaheb Maharaj no les había enseñado eso. “Es verdad”, les dijo “pero ¿No podemos ir nosotros más lejos?” Decidió, pues, emprender solo ese difícil camino y volvió a su casa de Bijapur. Se instaló en una terraza y, sentado en un viejo cañón, meditó sin interrupción durante nueve meses. No tenía otra alternativa para alcanzar su meta, su maestro no le había enseñado más que la meditación. Por la gracia de su maestro, sus esfuerzos no fueron en vano y enseguida comenzó a enseñar que se puede alcanzar la meta suprema por medio del “vihangam marg” o “camino del pájaro”, que quiere decir por medio de la reflexión mental. Es a través del mental que la ignorancia nos es transmitida de generación en generación, por tanto no es sino escuchando y practicando las enseñanzas del maestro y por medio de la reflexión profunda cómo se alcanza la Realidad suprema, y cómo un pájaro que vuela de árbol en árbol, el buscador alcanzará rápidamente su meta. Es el camino más corto hacia el despertar.

 

Sea cual sea el método (meditación o conocimiento), el grado a alcanzar es el de “laya”, es decir la disolución en el Ser. La ignorancia se produce por medio de los pensamientos, pero si los pensamientos se concentran en la Realidad, se puede alcanzar la Realidad última. Siddharameshwar Maharaj se esforzó sin tregua en alcanzar la Realidad. “Alcanzaré la meta incluso al precio de mi vida” decía, y por la gracia de su maestro, llegó a la realización del ser.

 

Luego enseñó “el camino del pájaro” a sus discípulos, es decir el camino del pensamiento. Este método consiste, en primer lugar, en exponer el conocimiento de la Realidad. Luego se pide al discípulo que renuncie al mundo, después que renuncie a la renunciación. A continuación, el conocimiento supremo (vignyana) le es desvelado.

 

Siddharameshwar Maharaj enseñaba con un lenguaje muy sencillo, sirviéndose de ejemplos de la vida cotidiana, pues para él, “parmatha” o la comprensión de la Realidad debía de ser explicada con sencillez, utilizando un vocabulario accesible a todos. Enseñó desde 1925 hasta 1936 y murió el 9 de noviembre del 1936 en Bombay después de haber dado la plena comprensión a sus discípulos.

 

Así pues, este libro es “La llave de la realización del ser”. Él no explica más que uno de los caminos que conducen a la Realidad final que implica, en primer lugar, que comprendamos que somos los diferentes cuerpos o velos, y después que el orgullo engendrado por el conocimiento debe de ser disuelto en la Realidad (“laya” o absorción).

 

Shrî Dattatray Dharmayya Poredi ha desarrollado uno de los discursos de Shrî Siddharameshwar Maharaj, titulado “La llave de la realización del ser”. Discípulo de Siddharameshwar Maharaj, vivió en Sholapur (estado de Maharastra) y escribió numerosos poemas sobre el conocimiento enseñado por su maestro.

 

Escrito en Marathi, “La llave de la realización del ser” ha sido traducido al inglés por el doctor Damayanti Dungaji, discípulo de Nisargadatta Maharaj, cuyo maestro era, igualmente, Siddharameshwar Maharaj.

 

Las enseñanza de Siddharameshwar Maharaj, expuestas de una manera sencilla y progresiva, han sido publicadas en marathi bajo el título de “Amrut Laya” (Absorción del néctar). La traducción inglesa de este libro está en camino y pronto será publicado.



Capítulo I

LA IMPORTANCIA DEL CONOCIMIENTO DEL SI

 

Saludamos, primero, a Shrî Ganesh, luego a Shrî Sarasvati y por último al Maestro(Sadguru). ¿Por qué razón? ¿Acaso un cambio en el orden del saludo reverencial sería una fuente de confusión? Así es, esto produciría confusión, pues Shrî Ganesh es la divinidad de la meditación y de la contemplación, Shrî Sarasvati es la divinidad de la palabra. Con la ayuda de estas dos divinidades, la divinidad que crece en el corazón del discípulo no es otra que el Sadguru bajo la forma de la luz del Sí. El estudio de los textos nos revela el sujeto y no es más que cuando él es bien comprendido que la gracia del Si nos es concedida. Sin embargo, el discípulo no puede alcanzar su meta solo estudiando los textos, también debe de venerar a la vez a Shrî Ganesh y a Shrî Sarasvati.


Habiendo realizado el secreto del principio enunciado por los sabios, que dice: “En primer lugar ver la manifestación, luego alabar el Vedanta, después la voz debe de cantar la mantra (el nombre sutil) para que su sentido se imprima en el interior”, el Maestro explica primero el sujeto, luego indica sus características que después son examinadas detalladamente.

 

En nuestros días, en la mayor parte de las escuelas, para enseñar algo a los niños, se les pone en las manos  el objeto y luego se les dice: “Este es el objeto”. Es lo que se llama el método kindergarten, es decir, el aprendizaje directo. De igual forma, el método del  Maestro consiste primero en dar al discípulo, de forma verbal la idea de la Realidad (mantra), antes de darle las enseñanzas necesarias para que su espíritu se impregne de su significación. El discípulo alcanzará resultados con este método de la tradición del Maestro.

 

Cuando el Maestro expone la verdad (el sujeto tratado), un discípulo de inteligencia ordinaria comprende la esencia de sus palabras y de su enseñanza. Pero la dificultad principal consiste en realizar lo que ha comprendido intelectualmente. El discípulo comprende lo que es el Atman, pero la duda puede persistir en su espíritu: “¿Cómo puedo ser yo el Alma o el Si?” Y mientras que el mental permanezca en la duda y el escepticismo, se puede decir que existe comprensión intelectual pero no realización. La solución está en la práctica y el estudio asiduo de la mantra, pues no puede haber impregnación más que si el estudio es constante.

 

Los cuadernos de caligrafía proponen unos modelos de letras muy bonitas, pero no podemos reproducirlas de la misma manera. No obstante, si nos ejercitamos con constancia, pronto podremos hacer letras muy bonitas sin esfuerzo. Se puede uno preguntar durante cuánto tiempo se debe practicar para que esto de fruto. El estudio y la práctica deben de perseguirse asiduamente, en función de la capacidad de cada uno, hasta la plena comprensión.

 

Se puede decir, que en general, un hombre de inteligencia ordinaria puede comprender una cosa después de dos o tres explicaciones. Si la repite diez o veinte veces se vuelve algo familiar, después de cien veces, es una costumbre y después de mil veces, esta se vuelve inherente a su naturaleza. Las fibras del yute, por ejemplo, son tan delicadas y tan finas que se dispersan en todos los sentidos al menor golpe de viento, pero si están trenzadas, forman una cuerda tan sólida que puede servir para atar un elefante a una piqueta. El estudio y la práctica juntos, son iguales de poderosos.

 

Es verdad, en efecto, que Parabrahman es omnipresente y siempre libre, pero a causa de las prácticas y estudios erróneos en nuestras sucesivas vidas, el mental se ha hecho tan fuerte en nosotros, que ha hecho prisionero al eternamente libre Brahman dentro del pensamiento de identificación del cuerpo. Es el resultado sorprendente de una práctica sostenida. “Todo lo que no es realizable, se vuelve realizable por medio de la virtud del estudio, de la repetición, de la práctica”. Reconociendo esta importancia, el discípulo debe de venerar a Ganesh y a Sarasvati, esto quiere decir que él debe de realizarse a través de la meditación y el estudio profundo de la Verdad que se le ha enseñado.

 

Antes de iniciar este estudio, el discípulo tendrá interés en conocer varios puntos que tienen relación con este sujeto. ¿Por qué ha aparecido en el hombre la ilusión “yo soy el cuerpo”?   ¿Cuál es el estado del hombre al nacer? ¿Cómo ha desarrollado la idea de “yo y mío”?  ¿Ha nacido libre de cualquier miedo? ¿Si no, cómo y por quién puede liberarse de él? Es importante que el discípulo conozca las respuestas a todas estas cuestiones.

 

 Antes de nacer, el ser humano estaba completamente acurrucado y aislado en el vientre de su madre, luego se encuentra proyectado en un mundo ilimitado. Abre los ojos y mira a su alrededor. A la vista de esta luz cegadora y de este espacio inmenso, parpadea aturdido. “¿Dónde he llegado yo solo? ¿Quién me protegerá? ¿Qué me va a pasar?” Estos son los temores que surgen en él y en cuanto nace, su primer golpe, él llora. Para reconfortarlo se le da un poco de miel o de leche, entonces piensa que todo va bien, ya que hay alguien que lo cuida. Pero este primer miedo queda tan aferrado en su siquismo, que se estremece al menor ruido, luego se calma de nuevo cuando mama del pecho de su madre. La vida de este ser humano depende enteramente del cuidado que recibe de sus padres.


Cuando crece, sus padres y profesores le enseñan las cosas del mundo. En la escuela aprende: la ciencia física, la geografía, la geometría y la geología, pero todos estos conocimientos no tienen un valor real. Después viene la fase de la juventud. Mira de nuevo a su alrededor buscando algo que lo reconforte y, tal y cómo está preestablecido en el mundo, lo busca en el matrimonio y el dinero. Está convencido que son las únicas cosas que sostienen su vida, pero pierde el tiempo, dejándose acaparar cada vez más por el deseo de renombre, de erudición, de poder y de autoridad.

 

Su mujer, sus riquezas, su estatuto social, la juventud y la belleza son sus principales posesiones y todo su soporte. Está tan orgulloso de sí mismo, que deja de lado el conocimiento de su naturaleza real. Cuando todas estas posesiones desaparecen una a una, según la ley de la naturaleza, el recuerdo del primer golpe surge a la superficie y totalmente quebrantado se siente frustrado. Entonces le invade la angustia: ¿Qué haré ahora? ¿He perdido todo lo que me sostenía, que me va a pasar?

 

Este ignorante no comprende que todas estas posesiones no tenían más que una base sólida, que es su Sí, su hecho de ser. No es más que a causa de eso, que el dinero tenía su valor, la mujer sus atractivos, el honor su mérito y la autoridad su poder. “¡Hombre, tú existes antes que todas estas riquezas de las que acabamos de hablar! ¿No es una paradoja el sentir que son ellas quienes te sostienen?” Si, además, la suerte le es desfavorable, ¿Con qué riman los actos de este hombre? Un poeta, observando el comportamiento absurdo del ser humano, comparó las travesuras del mental a: “Un mono que se emborracha y termina dejándose picar por un escorpión”. Este poeta pudo estar tentado incluso a abandonar la escritura…

 

El acto de devoción del ateo consiste en alimentar su cuerpo y su única liberación es la muerte del cuerpo. Aquél cuya única meta, en esta vida, es la de alimentar su cuerpo, no podrá superar el cuerpo. ¡No hay nada extraño en eso! Si, por mala suerte, este hombre pierde toda su fortuna, pedirá dinero para continuar bebiendo y comiendo, y se declarará insolvente para alejar a sus acreedores. Al final, cuando la muerte le golpea, muere como ha venido. ¿Puede haber una tragedia peor? La mujer que complace a su marido porque quiere ponerse un pendiente de oro en la nariz, no piensa en el Señor que le ha dado una nariz para que ponga en ella un aro. De la misma manera, ¿Cómo podrían los seres humanos, que únicamente viven en el plano animal y no ven más que el cuerpo como meta y fin, ver a Dios?

 

¡Aquél, cuyo poder ha dado vida al sol, a la luna y a los dioses, ese Todo Poderoso que es el soporte de todo, que está presente en el corazón de todos los seres, este se ha vuelto invisible para el hombre!

 

El hombre cuyos ojos son atraídos por el exterior, no ve más que el exterior. Existe un sinónimo para “ojo” en marathi: aksha. “A” es la primera letra del alfabeto, “ksha” es la antepenúltima. Eso quiere decir que, lo que el ojo ve es lo que hay en el espacio entre estas dos letras. No le informará más que de los objetos exteriores. Los objetos “groseros” serán visualizados por el ojo grosero y lo sutil será captado por los sentidos que, igualmente, son “groseros”. La letra que viene después de “ksha” es “gnya” que significa “conocimiento”  (gnyana). Este conocimiento no puede ser “visto” ni por el ojo grosero (exterior), ni por el ojo sutil del intelecto. Así pues se denomina al ojo por el sinónimo “aksha”.


Como el ojo, los otros órganos de los sentidos (oído, olfato, tacto etc.) están dirigidos al exterior y existen debido a la fuerza de los objetos exteriores.  El rey del Conocimiento, “Yo soy”, impregna los sentidos y parece concederles un valor divino. Es a causa de esta exteriorización por lo que la evidencia de la anterioridad de “Yo soy” sobre los sentidos, no llama la atención de nadie. Durante numerosas vidas, el mental y el intelecto han adquirido la costumbre de no ver más que el exterior y así se ha hecho difícil el volverse hacia el interior. Este camino que se llama “el camino de vuelta”, o “dirección inversa”, es el camino que siguen los sabios. Ellos se vuelven en dirección opuesta y, observando el mental, abandonan todo apego a la visión exterior. Cuando el hombre ordinario duerme, los sabios están despiertos y cuando está despierto, los sabios se adormecen.

 

Todos los seres son extremadamente atentos a los objetos exteriores y se han vuelto muy hábiles en el campo de esta conciencia. Los sabios, al contrario, dan la espalda a las cosas exteriores y concentran toda su atención en el Si, al cual el hombre ordinario es indiferente.

 

El que gana un millón de rupias se pregunta cómo doblar la suma al día siguiente. Está obsesionado con la idea de adquirir cada vez más, mientras que los sabios le aconsejan: “¡No sigas, hombre, no sigas! Caerás dentro de un torbellino y esta ilusión (Maya) es un maremoto que se te llevará”. El modernismo, que arrastra a este mundo dentro de su cortejo de novedades incesante, forma el ciclón de la gran ilusión (maha Maya). Podéis estar seguros de que caeréis prisioneros de él y nadie sabe a dónde puede ir a parar el hombre atrapado por este ciclón. Cuando el sabio ve a este ser, cuya atención está cogida por el movimiento de la modernidad, corriendo de aquí para allá, luchando sin descanso, hace todo lo que puede por despertar el conocimiento del Si en él. ¡Bendito sea el día en que el mundo salga de su torpeza!

 

Un día, Ramdas y Toukaram se encontraron en riberas opuestas de un río. Ramdas hizo primero un gesto a Toukaram preguntándole cuantos seres había conducido al despertar en este mundo. Toukaran le respondió, igualmente, haciendo un gesto, con el puño cerrado se tocó los labios, indicaba así que no había encontrado a nadie interesado en el conocimiento del Sí. Después él planteó la misma pregunta a Ramdas, que le respondió de la misma forma. Luego cada uno siguió su camino. A pesar de esto, los santos, por compasión, siempre han continuado su tarea. “¿Cómo puedo describir la dicha de los santos? Sin descansar, ellos me arrancan del sueño.” Dijo Toukaram.

 

Los dos han abandonado su cuerpo, pero nos han dejado su mensaje en los “ Abhangas” y el “Dasbodh”. Todas sus riquezas nos las han legado en estos libros, y si alguien se declara su heredero se le darán esas riquezas, pero antes deberá abandonar el nefasto deseo de riquezas mundanas. Para estar preparado para avanzar por el camino interior, deberá, igualmente, renunciar a todo lo que él cree que ha acabado o realizado, a todo lo que sea querido en su corazón. Es la condición sine qua non de esta empresa. El hombre está totalmente sumergido en el orgullo de cuerpo, de la posición social, de la familia, del pertenecer a una comunidad, un país y todo lo que constituye su naturaleza. Este orgullo mora en él, y hasta que no se libere de él, ¿Cómo podrá considerarse un heredero de este tesoro que los santos han dejado? Este tesoro pertenece a aquél en cuyo corazón existe un arrepentimiento sincero. Aquél que se pregunta si podrá deshacerse de todo este orgullo acumulado nacimiento tras nacimiento y que así ha llegado a ser su segunda naturaleza, no debería inquietarse por si su arrepentimiento es sincero, pues el esclavo, que toma consciencia de su estado, busca instantáneamente la vía de la liberación. El esclavo satisfecho de su estado y que actúa para perpetuarlo, ni siquiera puede pensar que exista la vía de la liberación.

 

Un hombre puede tener la suerte de comprender que la ambición de superar al otro le hace retroceder. A partir de ese día entrevé el otro camino indicado por los sabios y, sea cual sea su ritmo, avanza por esta vía. Puede que el orgullo no lo deje de golpe, pero está determinado a liberarse de él, el Señor infinitamente bueno no dejará de tenderle una mano compasiva.

 

Aquél que se enorgullece de sus actos perversos puede poner fin a esta tendencia cultivando la altivez que dan los actos justos. Así, por medio de la práctica, pueden suprimirse todos los defectos. Se debe animar las cualidades, pero no se deben apegarse a ellas, pues el orgullo que suscitan es pernicioso y también debe de ser abandonado. Aquí puede surgir una duda: ¿Cómo es que también debe uno desapegarse de las cualidades? ¿Después de todo, las cualidades no son siempre buenas? “Querido discípulo, aunque sea preferible tener cualidades antes que vicios o defectos, cuando se quiere alcanzar el conocimiento del Sí, el hecho de tener cualidades apreciadas por el hombre es cien veces peor.” Merecen ser rechazadas. “Mira como el hombre, aconsejado por los sabios, se esfuerza en suprimir sus defectos a causa del sentimiento de vergüenza que crean en la sociedad o en el espíritu de cada uno, pero aquél que posee cualidades siempre es alabado en este mundo, esto le produce tanto orgullo que le es muy difícil deshacerse de él.”

 

Mientras que es relativamente fácil abandonar toda arrogancia en lo que concierne a los defectos, es diferente cuando se trata de cualidades. A nadie le gusta admitir que ha cometido una falta, pero aquél que ha alimentado a miles de personas, que ha visitado los lugares santos, creado albergues para los peregrinos o rezado a Dios un millón de veces, está lleno de un orgullo tan profundo, que le es casi imposible renunciar a él. Por medio del arrepentimiento, el pecador pronto encuentra a su Maestro, mientras que aquél que ha realizado actos meritorios es cubierto de tantos elogios que, por ellos, pierde el camino hacia el Maestro.

 

Cuando se comprende esto, podemos sacar la conclusión de que el orgullo concerniente a los defectos es tolerable, mientras que el que es producido por las cualidades, se debe absolutamente evitar. Los dos son espinas en el camino del conocimiento del Sí, y si nos sacamos una espina con la ayuda de la otra que guardamos (el orgullo de las buenas acciones) en el bolsillo de nuestra camisa, ¿No terminaremos clavándonosla en el pecho? Un ladrón puede estar atado con cadenas de hierro y un rey con cadenas de oro, pero ¿significa eso que el rey no es un prisionero? El hombre que tiene cadenas de hierro estará    agradecido a quién le libere, mientras que el hombre que tiene cadenas de oro saltará a la garganta de aquél que intente desatarlo, hará todo lo posible por conservar sus cadenas de oro. ¿Por qué razón? ¿Cuál es este enemigo que vuelve al hombre feliz en su servidumbre? Es el orgullo del bien, de los actos meritorios, quien ahoga al hombre, es su enemigo por excelencia, es él quien pone los obstáculos en su camino espiritual. Es necesario renunciar a este orgullo, incluso si eso nos exige un considerable esfuerzo, pues sin esta renuncia no podemos pretender alcanzar el tesoro del conocimiento.

 

Es admitido que las riquezas de un hombre, descritas antes (dinero, bonita esposa, posición social etc.), son el resultado de acciones meritorias efectuadas en vidas precedentes. Pero como son obstáculos en el camino del conocimiento último (Parmatha), podemos decir que son los resultados de malas acciones. Aquél que se glorifica de sus posesiones, también es él mismo poseído y entonces le es imposible alcanzar el camino del conocimiento.

 

Al contrario, tomemos un hombre que no tiene un duro en su bolsillo, ni mujer, ni posición social y es tan pobre que mendiga para alimentarse. No tiene ningún lazo con su comunidad, su familia, ni sus amigos. Desprovisto de todo y considerado por todos como un pecador, este hombre puede ser más digno de recibir el Conocimiento del Sí, ya que ignora lo que es el orgullo. En efecto, está mucho más dispuesto a escuchar al Maestro que aquél que se preocupa mucho más de las adulaciones y no tiene tiempo de escuchar los consejos del Maestro.

 

Todos los seres humanos están encadenados desde su nacimiento, además se han creado cadenas artificiales bajo la forma del bienestar material debido al progreso. Para vivir en sociedad deben de doblegarse a las tradiciones, a las convecciones sociales y a las reglas del país. Numerosos son los que creen que cada vez tienen más libertad, mientras que no hacen más que seguir modas. Quien no bebe té o no se afeita todos los días es considerado como un palurdo. El hombre que se hunde en la servidumbre de la sociedad, aceptando ciegamente sus prejuicios, no hace sino alienarse más y acrecentar su orgullo por las cosas sin interés. Si quiere liberarse de las ataduras, deberá rechazar completamente este orgullo, a riesgo de ser tratado como un loco por los bien-pensantes.

 

La única meta del buscador es la de aniquilar su orgullo y su identificación con el cuerpo. Si esta tarea le parece demasiado ardua o si no está preparado a renunciar a su vida en el mundo, puede comenzar por la renuncia interior, lo que significa la renunciación gracias a la reflexión. Cuando esta se establece, la renunciación exterior se vuelve posible poco a poco. Por ejemplo, le cuesta poco a quién tiene la costumbre de herir a los demás con palabras, el no decir más que cosas amables y aquél que miente inútilmente, debería reservar sus mentiras únicamente para los casos en que estas permitieran evitar catástrofes. El hombre tampoco debería envidiar la prosperidad de su vecino. ¿Tan difícil es tomar esta decisión? Cuando se renuncia a las malas inclinaciones, se adquiere la fuerza de renunciar también a las cosas exteriores.

 

El mundo es como un sueño y en este mundo de sueños, el bien o el mal, la piedad (dharma)[4] o la impiedad (adharma), mérito o desmérito no tienen importancia para despertar al Sí. Por tanto es necesario renunciar a lo que es bueno como a lo que es malo para alcanzar el conocimiento del Sí. Sin embargo, aunque lo que acabamos de decir sea cierto, los hombres siempre tienen dificultades para deshacerse del dominio del orgullo. Poco importa cuántas veces se les repita el precepto “¡Renuncia, renuncia!”, el orgullo no disminuirá por ello, pero si se descubre la causa de este orgullo y si esta puede ser suprimida, la renuncia se conseguirá automáticamente.

 

 La principal causa por la que se enorgullece de alguna cosa es porque considera esta cosa como que es verdad. Si se está convencido intelectualmente de la inutilidad de un objeto o si se comprende que es un señuelo, la realidad del objeto desaparece y entonces se vuelve posible desapegar su corazón de este objeto. Una imitación del tamarindo no da el verdadero fruto del tamarindo, no es más que un objeto del bosque, pero mientras que el hombre no ejercite su espíritu de discriminación, la vista del tamarindo silvestre le hará salivar pues está convencido que tiene el fruto verdadero. ¡Sin embargo, cuando sabe que es un tamarindo silvestre, aprecia el aspecto estético sin salivar! Esta actitud se llama desapego.

 

Todo esto, nos conduce a la conclusión de que la razón del desapego hacia una cosa es el resultado de la comprensión de la verdadera naturaleza de esa cosa. Hasta que la futilidad de este mundo no esté impresa en el mental del hombre de forma definitiva, es difícil alcanzar el Conocimiento del Sí. Mientras no se dé cuenta de la falsa naturaleza de una cosa, no aspirará a algo verdadero. No se puede renunciar a lo que es falso, mientras el intelecto lo considere absolutamente verdadero.

 

El día en que el conocimiento deformado del mundo es aniquilado por la gracia del Maestro, el hombre comprende que todo no es más que apariencia. Después de esta transformación, podrá ver y apreciar el mundo como si fuera un film o una fuente de diversión, pero el desapego que ha alcanzado permanecerá. El desapego sin el conocimiento del Si es una experiencia estéril. Sin conocimiento del Sí, no puede haber verdadera renuncia y sin renuncia, no puede haber conocimiento del Sí, es una paradoja. Los Sabios nos han propuesto varios métodos para salir de esta espiral: el camino de la devoción al Maestro, a Dios, los salmos, los peregrinajes, la caridad. También han sugerido a la humanidad un gran número de obligaciones.

 

La naturaleza humana es de tal manera que, si el hombre es desposeído de alguna cosa, sufre intensamente, y hará todo lo posible por recuperar lo que ha perdido, pero si escoge libremente separarse de esta cosa, su sacrificio le otorga un inmenso gozo. El hombre que bajo coacción rechaza gastarse un céntimo, se gastará miles para alimentar las multitudes en Pandharpur (lugar santo de Maharashtra), si así lo ha decidido. Aquél cuyo orgullo impide doblegarse ante la voluntad de los demás, puede someterse totalmente a un ser más humilde, después de haber estado en compañía de santos o de haber entonado cantos devocionales. Olvida el orgullo de su casta o de su posición social. Un Rao Saheb (grado honorífico del estado), que tenía vergüenza de ponerse pasta de sándalo en su frente (ritual religioso), ahora se deja embadurnar toda la cara de Buka (un polvo negro), que simboliza el abandono de su máscara, así ensombrece el rostro del orgullo. Este mismo, para quien cantar y bailar eran obscenos, se olvida totalmente y gira de gozo como un torbellino aclamando el nombre de Dios. Sabiendo que es así como el hombre sacrifica su orgullo, los santos han instaurado la práctica cotidiana de Bhajans (cantos de devoción) y de Pujas (rituales). Y de esta manera han indicado un camino progresivo hacia el Conocimiento del Sí, que muestra al hombre hasta qué punto es fácil renunciar y cómo el mental puede ser purificado de todo orgullo.


El Conocimiento del Si significa el conocimiento de uno mismo, y cuando hemos comprendido quienes somos, la discriminación entre lo permanente y lo transitorio se hace automáticamente. La renuncia a lo transitorio y la aceptación de lo que es permanente resulta natural. El miedo a la decepción es inevitable debido a la naturaleza transitoria de las cosas. El hombre dominado por el miedo a la muerte se esfuerza continuamente en conservar lo que tiene, hace todo lo posible por guardar su dinero, por conservar la juventud y la belleza de su mujer y lucha por mantener su posición social, pero nada ocurre según sus deseos, pues todo muere. Nadie puede escapar a su destino y cada uno, un día u otro, será triturado por él, incluso los Dioses como Brahma[5] no están liberados del miedo a la muerte.

 

Si se le diera todo al hombre atormentado por la muerte, ¿Suprimiría eso su miedo? Él debe de encontrar lo que le libere definitivamente del miedo, el tesoro del “no-temor”. Este mendigo ha perdido el tesoro de su Sí y canta continuamente: “yo soy el cuerpo, yo soy el cuerpo”; nunca satisfecho repite: “yo quiero esto, yo quiero aquello”, anda errante de aquí para allá, siempre buscando alguna cosa. Dominado por el miedo, no piensa más que una sola cosa: “¿Qué me va a suceder? ¿Qué le ocurrirá a mi mujer, a mis hijos, a mi dinero y a todo lo que me pertenece?”. Nunca está en paz. Solo el Maestro podrá concederle el más noble de todo los dones, el “no-temor”, ni los reyes ni los Dioses pueden darle eso pues, aunque todas las riquezas del mundo estén a sus pies, el emperador vive con el temor al enemigo. El mismo Señor Indra está atormentado día y noche por la idea de que su posición podría ser trastornada por los Sabios que siguen la vía de la austeridad y de la penitencia.

 

Meditar esto profundamente: ¿Cómo podrían liberar a los demás aquellos que no están liberados del miedo? Solo los sabios que, centrados en el Sí, han desarraigado el miedo de las profundidades de su ser, destruyendo así la identificación con el cuerpo, son capaces de transmitir esta cualidad de “no-temor”, de quietud. Todos los demás, ya sean dioses, demonios u hombres, no son más que pobres mendigos. Ellos nunca tendrán este don de la quietud hasta que no se refugien en el Maestro espiritual. Los Dioses mantienen el orgullo de su riqueza divina y los demonios el de su riqueza perversa, el ser humano es aplastado por su propio tormento. Los Dioses como los coolis (porteadores), llevan el fardo de los tormentos de los demás sobre sus cabezas. ¿Qué se puede decir del ser humano? Solo el Maestro tiende la mano para liberar al hombre de su fardo y concederle la joya de la quietud, el estado de no-temor.

 

De todos los conocimientos, el conocimiento del Sí es el más noble; de todos los dharmas[6], leyes del mundo, el swadharma (ley del Ser) es la más noble. Los Sabios difunden el conocimiento del Si entre los hombres y enseñan el sentido de swadharma.

 

En este mundo podemos estudiar toda clase de ciencias y de artes, pero estos conocimientos son vanos, los sabios rehusan conocerlos y  se consagran a enseñar el conocimiento del Si, que es el único verdadero conocimiento.

 

Muchos misioneros rivalizan unos con otros y declaran que su religión es la más noble y que las otras conducen al hombre a la perdición. No contentos con dar consejos, piensan cumplir con su deber sagrado de convertir a los hombres, utilizando, si es necesario, la corrupción o las amenazas de los peores males. Es lo que aún hoy se puede observar. Esta estafa religiosa, coactiva y tiránica, no tiene por meta el bienestar de los hombres.

 

El Santo Ramdas decía: “Si existe una religión en el mundo, que sea verdaderamente noble, es la del swadharma, es decir la ley de nuestra propia naturaleza”. Swadharma significa residir en su propia naturaleza sea cual sea la condición del hombre, su casta, su religión o su país. Para comprender el swadharma, es necesario darse cuenta de que esta naturaleza del Si es inherente a todas las formas de vida, ya se trate de una hormiga o de un hombre.

 

Solo esto es swadharma, y los otros cultos que se presentan como religiones son paradharma, es decir, religiones de lo que no es “el Sí”. Estas religiones han establecido reglas y métodos que son extraños a nuestra naturaleza real. De esta forma es como definimos swadharma y paradharma. Pero si admitimos el sentido corriente de swadharma puede producir absurdos. Tomemos, por ejemplo, el caso de una prostituta que cree seguir su propia naturaleza ejerciendo su oficio. Ella enseñará la misma vía a su hija, que tendrá la misma convicción de seguir su propia naturaleza. ¿Quién sabe si, un día, alguien amante de las mujeres no incluirá la vida de esta mujer en un libro sobre la vida de los santos?

 

El Señor nos ha aconsejado en la Bhagavad Gita: “es preferible morir dentro de swadharma antes de seguir la vía extraña al Sí, llena de peligros”. La erradicación de la identificación al cuerpo es el signo del conocimiento del Sí y los Sabios experimentan esta clase de muerte mientras que aún están en vida. Es esta muerte la que se debe de buscar. “He visto mi propia muerte, ¿Cómo puedo describir este suceso que es único?” dice Toukaram. ¿Cómo podrá el tibio, que vive en paradharma y que para él todo acaba con la muerte del cuerpo, comprender este proceso de muerte, mientras que aún se está en vida? El desdichado piensa en la muerte solo en términos de pira, bambúes o sarcófagos, según los ritos que correspondan a su religión. Estos dharmas, sólidamente fundados en la identificación con el cuerpo, contienen el deseo de paraíso y el miedo al infierno, las nociones de mérito y de pecado, de esclavitud y de liberación.

 

Todo ser humano tiene derecho a seguir el swadharma, su propia naturaleza, donde no existe ni la atracción por los placeres divinos ni el miedo al dolor del purgatorio, y donde la alienación y la liberación no tiene ningún sentido. Estas pseudo religiones resplandecen y se extienden gracias a la novedad, pero la dolorosa máxima sigue estando ahí: “Todo lo que nace debe de morir”. ¡Estas pseudo religiones desaparecerán en su momento y solo la gloria y la victoria de swadharma brillarán!


El Señor Krishna dio este consejo a Arjuna: “Abandona toda religión y toma refugio en mí. Las religiones son un obstáculo en el camino que lleva a mí, toma refugio en Paramatma, la vía del Sí, que es el verdadero Conocimiento. Tendrás plenitud cuando me hayas alcanzado, y ya nada quedará por hacer. Todo el karma[7], ¡oh hijo de Prutha! se disolverá en el conocimiento del Sí”. Con el pretexto de guiar a Arjuna, el Señor Krishna ha enseñado esto a todos los hombres, y aceptando sus palabras, ellas se cumplirán.

 

Nada en el mundo es más importante que el conocimiento del Sí, ninguna otra actividad ni ninguna otra tarea tiene sentido. Eso no quiere decir que las otras clases de conocimientos o actividades, fuera del conocimiento del Sí, sean inútiles, ineficaces y sin valor, simplemente ellas no son ninguna ayuda para la realización del Sí. Realizando sacrificios es posible obtener resultados, ganar el paraíso o tener un hijo, por ejemplo; igualmente se puede apaciguar a las divinidades venerándolas. El estudio de las Escrituras sagradas también permite adquirir competencias. Todas estas acciones son consideradas como meritorias en este mundo práctico, pero ellas no dejan de ser obstáculos por eso, hasta que el Si no se abra en el hombre y difunda Su Gracia. Las cualidades, consideradas como las mejores en este mundo, se muestran como impedimentos y los remedios como trabas. Los Sabios son muy conscientes de eso y no les conceden ninguna atención, aunque ellos puedan conquistar los tres mundos[8]. Para ellos, la posición del Señor Indra, dominado por la codicia, no vale mucho más, que el excremento de un cuervo.

 

Los Sabios no alimentan en su corazón más que un solo deseo, el de realizar la unidad con Brahman. Sin embargo su estado es el de “no-deseo”.  Estos seres afortunados son uno con el Brahman, cuando su conciencia se separa del cuerpo. Cuando un hombre ordinario muere su cuerpo es considerado como un cadáver, pero cuando se trata de un Sabio, su cuerpo es digno de recibir la adoración de los hombres. Numerosos son los templos levantados sobre sus tumbas. Se vuelven inmortales en la memoria de los hombres siendo el objeto de devoción y de veneración del mundo entero.

 

    Ram, Krishna, Siddharta, Hanuman, Malhari, Jagadamba, también eran Maestros y durante su vida se consagraron a difundir el conocimiento. Llegaron a ser dioses cuando dejaron su cuerpo. Todos los templos de la tierra pertenecen a estos dioses que escuchan los anhelos de los adeptos pues los elevan a su nivel y los conducen a la realización. Numerosos son los que piensan encontrar al Dios que veneran cuando tienen una visión, y creen que por esta visión, Él les conduce a la realización. Pero Dios no está limitado a un solo punto, a un solo lugar como imaginan los discípulos. Mora en el corazón del discípulo, como en todos los corazones y les inspira el camino. Sería falso creer que después de dejar su cuerpo, el Sabio sale de su santuario, se endosa su envoltura corporal y realiza el trabajo de su discípulo. Cuando queremos enviar diez rupias a alguien que vive en Puna, debemos dar un billete de diez rupias en correos de Sholapur y algunos días más tarde, tenemos la confirmación de que nuestro destinatario ha recibido esa suma. ¿Os preocuparíais por saber si la persona ha recibido el mismo billete que habíais dado en correos? Esta pregunta no os la planteáis porque lo que os preocupa es el valor del billete y no su número. Simplemente queréis que la persona reciba su dinero. De la misma manera, estos Sabios, que se han vuelto dioses, inspiran al discípulo a través de los que están en vida y tienen la misma radiación. Es así como conceden los anhelos a sus discípulos.

 

Existe en el mundo, una multitud de artes y de ciencias y numerosos eruditos y celebridades, que durante su vida son admirados por sus descubrimientos y sus aventuras respectivas. Son honrados y cubiertos de elogios, y los hombres manifiestan su admiración por ellos poniéndolos por las nubes, pero aquél que ha sido objeto de la adoración del pueblo pronto se vuelve objeto de censura. Los que han sido honrados como héroes no tardan en verse rechazados, hasta condenados. Está claro que la grandeza de estos hombres es artificial y pasajera porque se fundamenta en un conocimiento transitorio y no sobre la paz sagrada, eterna que acompaña al conocimiento del Sí. Ella reposa sobre conocimientos pragmáticos, políticos o científicos. En política los colores cambian, en las ciencias físicas los conocimientos evolucionan al ritmo de los descubrimientos, y aquél a quién se admiraba antes, hoy es ignorado, cuando otro ya brilla en el horizonte.

 

Una obra realizada por cualquier otra enseñanza diferente al conocimiento del Si es efímera y toma pronto una dirección contraria, llevando a los hombres experiencias dulces y amargas, honor y deshonor. No es extraño que nadie piense más en estos grandes hombres después de su muerte.

 

De todos los conocimientos(Vidyas), el conocimiento del Sí (Atmâ Vidya) es el único que da la paz verdadera. Un santo dijo un día: “¿De qué sirven estas enseñanzas si no traen la paz al espíritu?”. Hoy en día existen numerosos tipos de enseñanzas en el mundo. ¿Por qué esta proliferación?  Porque nadie ha encontrado aún la paz del espíritu. La lucha no se detiene nunca, el mental se agita sin descanso. Todas estas artes y todas estas ciencias se basan en la ignorancia y su única utilidad es la de hacer crecer la agitación mental. No existe ninguna relación de causa y efecto entre el estudio y la serenidad. El gemólogo que evalúa las piedras preciosas, el científico o el artista que examina el mundo, han perdido el gozo de la paz del espíritu, porque ellos no pueden examinarse a sí mismos.


¿Por qué aquél que no ha buscado en su propia morada busca en otro lado lo que ha perdido en su casa? El hombre que afirma de manera perentoria:  “Fulano es esto, mengano es aquello”, él mismo no sabe quién es él, y la angustia es su lote cotidiano.  ¿De qué sirve ver al otro si no se ve a sí mismo?

 

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[1] Preferimos hablar del “Si” cuando nos referimos al término sánscrito “Atman”, el supremo Absoluto, la identidad de todo, traducido al inglés por “Self”. Pensamos que su significado es más apropiado que la de “Ser” ya que la identidad de todos está por encima del ser y del no-ser y de todos los contrarios.

[2] Método de la escuela Montessori.

[3] Parabrahman es el Absoluto, sin cualidades ni atributos, fuera de todo concepto. Ultima Realidad de todo.

[4] Dharma es el orden o la ley natural. Deber moral, social i espiritual. Conducta armoniosa. Adharma es lo contrario.

[5] Brahma primer Dios de la Trimurthi hindú, es el Dios personal creador del universo, que contiene todas virtudes y cualidades y es el motor Salvador del mundo. No hay que confundir con Brahman o Parabrahman, el supremo Absoluto sin forma también llamado Nirguna Brahman(sin atributos). Brahma es llamado Saguna Brahman (con atributos).

[6] Dharma, ley u orden natural, deber moral, social y espiritual que armoniza al individuo con el todo.

[7] Karma es la Ley de justicia divina. Es la ley de causa y efecto, de compensación de toda acción. Toda acción deja una huella en el siquismo con la profundidad de la intención del acto, esta huella atraerá una acción que experimentará el individuo equivalente a la acción que ha producido dicha huella.

[8] Los tres mundos: mundo físico, mundo síquico y mundo celeste.